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DESAFIOS DEL NEOLIBERALISMO PARA EL MOVIMIENTO POPULAR
EN AMERICA LATINA
(03 Oct 97 09:10) DEL 30 DE OCTUBRE AL 2 DE NOVIEMBRE DE ESTE A'NO, EL FRENTE CONTINENTAL DE ORGANIZACIONES COMUNALES, FCOC, REALIZARA EN PORTO ALEGRE, BRASIL, SU VI ENCUENTRO. A CONTINUACIóN EL TEXTO DE LA CONVOCATORIA A LA REUNION.
El neoliberalismo es la manera como hoy se estructura el sistema capitalista, hasta los años 80 el capitalismo se mostraba con un perfil liberal: había competencia entre las empresas, los Estados buscaban fortalecer a las burguesías de sus naciones, la cuestión social era una de las prioridades públicas. La caída del Muro de Berlín en 1989, también hizo desmoronar el mundo bipolar. Ahora tenemos un mundo unipolar, bajo la hegemonía de los Estados Unidos de América. El avance de la tecnología de comunicaciones favorece el fenómeno conocido como globalización: es ignorada la soberanía de los Estados, no se respetan las fronteras nacionales, empresas y medios de comunicación de masas operan en la geografía mundial, como si lo hicieran en las ciudades en donde están establecidos. La competencia entre empresas desaparece cuando se trata de megaempresas, ahora transformadas en oligopolios que controlan bancos y redes de bares, clubes de fútbol y fábricas de ropa. EFECTOS DEL NEOLIBERALISMO Los cambios en la coyuntura exigen cambios en los actores sociales, como en los movimientos populares. ?Cuáles serían los efectos más evidentes del neoliberalismo en aquellas parte de la población que los movimientos sociales tratan de sensibilizar, movilizar y organizar? 1. La despolitización: el fracaso del socialismo en Europa y la ofensiva de los medios de comunicación de masas centrada en el espíritu consumista favorecen el desinterés por la política. El neoliberalismo proclama que "la historia se acabó", buscando borrar las utopías del horizonte histórico e ironizando los empeños idealistas. La corrupción entre los políticos profesionales y las divisiones internas de los grupos y partidos de izquierda, refuerzan la idea de que la política es un terreno pantanoso en el cual no se debe pisar. Como la idolatría del mercado es santificada por el neoliberalismo, la publicidad y los medios de comunicación de comunicación de masas intentan vender la imagen de que la felicidad reside en la despolitización, en el ocio, en el regreso a los intereses individuales. La vida tranquila se restringe a las esferas de la familia, del trabajo y del placer. Transponer los límites de este círculo hermético significa correr el riesgo de meterse en dificultades, sufrimientos, dolores de cabeza y persecuciones. 2. Lo municipal predomina sobre lo nacional y mundial. Aunque la globalización haga del mundo una pequeña aldea que, dentro de casa, nuestros ojos abarcan a través de la ventana electrónica de la televisión, la gente tiende a sentirse impotente ante la magnitud de los problemas internacionales y nacionales. Vuelta para sus propios intereses y preocupada con su calidad de vida, la mayoría parece sensibilizarse más con las cuestiones municipales: el transporte, la escuela, la salud, etc. Iniciativas como los presupuestos participativos de las municipalidades, de grupos cooperativos en la agricultura y en la construcción civil movilizan más que la solidaridad a las víctimas de la guerra en Africa, al pueblo cubano ante el bloqueo impuesto por Estados Unidos, o la lucha por la demarcación de tierras indígenas en Brasil. 3. La práctica social predomina sobre las teorías revolucionarias: muchos parecen cansados de teorías, otros están hartos de conceptos y análisis. Ya no se cree en la "concientización", pues innumerables militantes "conscientes" abrazan hoy, las ventajas del neoliberalismo y desconfían cuando escuchan hablar del socialismo. Las obras de Marx y de la Teología de la Liberación salen poco de los estantes, como si la práctica histórica hubiese comprobado que no merecen mucho crédito. 4. Las nuevas banderas -los nuevos desafíos- ecología, relaciones de género, cuestión racial: El enfoque político se desplaza de lo macro a lo micro, de lo global a lo local, de lo social a lo personal. No tanto en el sentido de exclusión, de uno substituyendo al otro. Pero la prioridad ahora es concedida a lo micro, a lo local, a lo personal. En busca de calidad de vida, la preservación del medio ambiente moviliza amplios sectores de la población, superando tensiones entre clases sociales y uniendo ricos a pobres. La emancipación de la mujer acentúa el debate sobre las relaciones de género, politizando temas hasta entonces restringidos en la esfera privada y revestidos de tabú: la sexualidad, el machismo, la violencia en la pareja, homosexualidad, etc. La afirmación de la negritud y de la condición indígena es síntoma de la actualidad de pautas sociales que soprepasan los conceptos del marxismo, restringido a los conflictos de clases. 5. La emergencia de la espiritualidad: El predominio de lo personal sobre lo social favorece la preocupación con el equilibrio y la armonía individuales, la subjetividad, la vida espiritual. Ya que las ideologías no suscitan tantas esperanzas como antes, muchos buscan en las religiones un sentido para la vida. Cansadas del racionalismo, las personas quieren rescatar el encantamiento del mundo. Lo maravilloso, lo milagroso, lo esotérico, ejercen fuerte atracción en este mundo en que el sueño político no encuentra lugar y las utopías parecen aún más distantes. Sin tomar en cuenta esa coyuntura, los movimientos populares quedan condenados al vaciamiento, la experiencia del MST (Movimiento de los Trabajadores sin Tierra), en Brasil, sirve de referencia para un nuevo estilo de actuación. Allí lo político (la reforma agraria) se articula con el beneficio personal y familiar concreto (la ocupación de tierra y la conquista de un lote). Lo utópico (el socialismo) es vivido en actividades colectivas (asentamientos y cooperativas). Lo ético (la militancia y las marchas) encuentra motivación en lo estético (los símbolos como la bandera, las canciones, las romerías, el ritual de los encuentros). Los movimientos populares deben partir de las demandas específicas de la población, aunque ellas no parezcan ser las "más políticas e ideológicas". En otras palabras, no se trata de partir de aquello que direcciones y líderes juzgan mejor para el pueblo, sino de lo que interesa y moviliza, invirtiendo el proceso. Tal vez muchos no salgan de casa para manifestar solidaridad a Cuba, pero seguramente lo harán para evitar que la municipalidad arranque el árbol de la esquina. Tal vez muchos no entiendan el carácter neoliberal del gobierno, pero quieren mantener sus empleos y conquistar mejores salarios. Tal vez muchos no estén motivados por un debate sobre el socialismo, pero están dispuestos a trabajar para organizar un jardín de infantes para niños carentes o una escuela de alfabetización de adultos. El movimiento popular debe enfrentar el desafío metodológico de partir de lo personal a lo social, de lo local a lo nacional e internacional, de los subjetivo a lo objetivo, de lo espiritual hacia lo político e ideológico. Ahora, el trabajo de base solo tendrá éxito si se asocia el esparcimiento con el deber, creatividad artística y formación, estética y ética. No es más posible crear una "cortina de hierro" que inmunice a los militantes de la ideología neoliberal, del consumismo, de los encantos de la globalización. La cuestión es cómo introducir prácticas sociales que despierten en ellos una conciencia y experiencias críticas frente al sistema, de manera que la nueva sociedad pueda ir siendo forjada en las entrañas de la actual, como el niño en el vientre materno. Cabe al movimiento popular vincular lo micro a lo macro, las luchas específicas a las políticas públicas. Para ello es necesario elaborar propuestas concretas y viables para áreas como abastecimiento, transporte, morada, salud, etc. La gente necesita vislumbrar las banderas, sentir que son palpables, y, de cierto modo, alcanzables incluso en la actual coyuntura. HOMBRES Y MUJERES NUEVOS No es fácil renovarse en una nueva coyuntura. Es un desafío, para nosotros, veteranos en la militancia, librarnos del rancio adquirido en prácticas anteriores: las frases hechas de la ideología que asustan a los nuevos compañeros; la manera de ser malhumorada que aparta la alegría; la prepotencia de quien se juzga vanguardia; el autoritarismo en la conducción de las reuniones y actividades; la falta de transparencia ética; la ambición por espacios de poder; el ideologismo que espanta a la gente simple que participa por primera vez en los eventos; el radicalismo en el lenguaje de quien no siempre se muestra radical en la práctica; la intolerancia frente a los que entran en la lucha; los prejuicios ante personas de otras clases sociales; el poco respeto por la religiosidad ajena. Sin superar tales barreras se torna difícil dar un nuevo aliento al trabajo de base y los movimientos populares. Hoy el desafío principal es ampliar la participación y multiplicar movimientos. Por lo tanto, solo derrumbaremos las barreras objetivas -de las estructuras y el sistema- cuando logremos, primero, derrumbar las subjetivas. Hagamos de esas palabras de Ernesto Che Guevara, una exigencia de nuestras prácticas: "Déjeme decir, aunque corriendo el riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario es guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad (...). Es necesario tener una gran dosis de humanismo, de sentido de justicia y de verdad para no caer en extremismos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en el aislamiento de las masas. Es necesario luchar todos los días para que ese amor a la humanidad viva se transforme en actos concretos que sirvan de ejemplo y movilicen".
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