Facsimil de la tarjeta de participación de Ana y Ramiro, diseño de Alejandra BruzzoneAna y Ramiro se casaron el 23 de Abril de 1999.
A las dos de la tarde era el acto en el Registro Civil. A la una y media empezaron a sentirse los tamboriles en la esquina del barrio: eran Fausto y sus amigos. La "llamada" sirvió para emocionarnos y subir a pie el repecho de dos cuadras que nos separaba del Registro Civil.
¡Primero los testigos! Y allá fueron Santiago, María, Fausto y Juan Carrión.
Luego pasamos todos y hubo fotos, abrazos, sollozos y alegría. A la salida ya estaba el candombe armado. Se bailó en la calle, se interrumpió el tránsito y los vecinos miraban desde las ventanas.


En la CapillaLa ceremonia religiosa fue en la tardecita, en la capilla de los monjes benedictinos. Un rato antes, fueron Santiago y Waldemar a colocar unos carteles con indicaciones fluorescentes para que los montevideanos no se perdieran en medio del campo.
Empezó a caer gente y la capilla se desbordó. Allí aparecieron viejos acampantes de distintas edades, amigos del S.A.PO., familiares, otros amigos, compañeras de Facultad de Ana y compañeros de trabajo de Ramiro, etc. Empezamos a saludar a todos antes de la ceremonia porque la novia se demoraba. Santiago debía traerla desde Canelones.
Al entrar los novios, Pablo pulsó la guitarra para que la canción de Anibal Sampayo sirviera de marcha nupcial.

Luego de la ceremonia, les tiramos pétalos de flores y a Waldemar se le cayó la "espelma" del cirio encima.
Los novios dejaron la capilla al ritmo de los tamboriles que sonaban afuera y salimos rumbo al local de la Sociedad Criolla.

La desorganización fue temprana: olvidamos dar la lista de los invitados a los porteros, y cuando llegamos ya se habían acomodado donde podían, echando por tierra todo el trabajo de planificación que habíamos hecho en AutoCad.
Waldemar fue a cambiarse y los novios tardaron en llegar, por un desentendimiento entre éste y Santiago.
Se disiparon los nervios de si alcanzarían los asientos para los invitados, pues todos se habían ubicado bien, pese a los atormentados cálculos iniciales.
La fiesta empezó con el tradicional vals y los tradicionales lanzamientos al aire de los novios, todo iluminado con tradicionales fotos. Luego la torta de tres pisos cayó, Ana no se amargó, y nosotros creamos la tradición de que en toda fiesta de novios, la caída de la torta trae buena suerte!
Igual se pudieron aprovechar los pisos inferiores que fueron suficientes para satisfacer a los invitados.
Parece que la caída se produjo por una tarima floja y unos parlantes vibrantes.

Posando para futuros, luego de bailar el  PericónLuego del pollo asado por la "troupe" de Mirta, empezó el pericón. Esto fue una buena idea de Olga, implementada en su mayor parte por Pablo quien escribió las relaciones y Elda que cosió los pañuelos blancos y celestes, único material concreto de que se dispuso.
Sonaron los acordes de la grabación y todo el mundo como en misa! El pericón fue un éxito. Por lo menos fue lo más comentado con posterioridad a la fiesta.

También hubo shotis suizos que trajeron los parientes de Nueva Helvecia y por supuesto los tamboriles que animaron la fiesta cuando los parlantes cesaron.
No hubo reparto de ligas, pero sí de ramos (uno para María ya estaba dedicado, y otro a quien le cayera) y de cintas (una de las cuales tenía un anillito).

(Si quiere ver algunas fotos y algún detalle más de este casorio de fin de siglo, pase por aquí)


Página inicial de la Familia Vigo-Rocca