Excursión canoera a la Laguna de Castillos

Lunes, 11/enero/1993
Ayer regresamos, con Santiago, de la Laguna de Castillos. José y Daniel Lazar y Angel Caimi salieron a las 17:35 del puente de Valizas de regreso a Montevideo. Los cinco pasamos dos días de excursión en la laguna, con el objetivo de recorrer el Valizas y la Laguna y acampar en el Chafalote.

Con Olga, Ana y María habíamos ido al Chui el jueves. Ellas retornaron al Polonio el mismo día y Santiago y yo acampamos en el puente para pasar la noche del viernes y esperar a los amigos que, desde Montevideo, llegarían alrededor de las 21:30 de ese viernes.
Durante la noche del jueves llovió abundantemente pero en la mañana empezó a mejorar. Escuchamos todos los informativos de emisora Atlántica, a la espera del aviso de los compañeros de Montevideo de que se postergaba una semana la excursión por mal tiempo, pero por suerte el aviso no llegó. Habían dudado de venir pues había llovido mucho en Montevideo, casi hasta el mediodía.

Llegaron alrededor de las 21 hs y ya les teníamos armada una carpa para que no perdieran tiempo y pudieran descansar.
La canoa de Angel fue bajada del Opel de Daniel y a la mañana siguiente, muy temprano, salimos arroyo arriba: José Lazar y Santiago en la "Chuleca" y nosotros tres en la otra.

Nos detuvimos al llegar a la laguna y bajamos para ver la reserva forestal del monte de Ombúes, pero no vimos al cuidador.
Nos llamó la atención lo alto del pasto (no hay animales) y lo extendido de una especie de zapallo.
Un cartel reza: "Saque sólo fotos; deje sólo huellas".

Salimos pronto con rumbo al Chafalote pero cambiamos de canoas: José, Santiago y yo en la "Mansa" y Daniel y Angel en la "Chuleca".

Cuando nos acercamos a la primer península hallamos a Núñez, un pescador que halando su chalana, sin usar su Johnson de 6.0 HP; iba a cargar agua dulce en una bombona. Había venido a recoger trasmayos del arroyo y ahora los tendía en la Laguna.
Intercambiamos algunas palabras, entre las cuales dijo: "Si se pica la laguna los voy a ver a ustedes".
Apenas dimos vuelta esa península y nos alejamos algo de Jorge Núñez, las olas encrespadas nos empezaron a zarandear, y al rato, ya separados unos de otros, eché pie a tierra (bajo el agua) y empecé a tirar de la Mansa kilómetros tras kilómetro, hasta volver a caer en la playita donde estuvimos el año pasado con Federico Roncio.
Allí descansamos e hicimos mediodía. Recorrimos brevemente el campo y volvimos a embarcarnos. Navegamos un buen rato por entre juncos hasta la Punta de Diamante. Al doblarla hubo que volver a caminar por la laguna. Es asombroso que hiciéramos pie durante todo el largo trayecto y prácticamente sin desniveles.
Doblamos la otra punta de la Bolsa y encontramos agua conocida. Ya unos kilómetros antes habíamos detectado repollitos de agua y otras plantas acuáticas que indicaban las proximidades del Pantano del Chafalote.

En este último tramo, Santiago también caminó por la laguna.
Lacónicamente (¿lacustremente?) José Lazar manifestó: "Esto no me gusta".

Las olas continuaban hasta dentro de la Bolsa. Hallamos más vegetación de pantano y lugares que Santiago y yo recordábamos. Al primer amago de tierra firme, José cayó en la tentación de pedir que viéramos si esa "tierra" podía ser colonizada por nosotros. Nos hundimos hasta la rodilla en el musgo putrefacto tratando de llegar a la tierra prometida, hasta que José mismo pidió que volviésemos.

Una vez dentro de la Bolsa, en dirección Este - Oeste, corre una de las orillas del Pantano o Bañado del Chafalote.
Angel y Daniel fueron a investigar un posible punto de Campamento; se trataba de otro cieno. Pero al doblar ese recodo vimos un lugar único: unos ceibos en flor con un lugar a su sombra que parecía ideal para acampar. Había unos palos clavados a pique que denunciaban que ya había sido utilizado por los nutrieros o pescadores para la caza/pesca.
El terreno era lo más firme que se podía hallar en el bañado: pisarlo era como caminar sobre un colchón de agua.
El lugar dió para armar las dos carpas, clavando estacas de madera y atando los vientos de las carpas a los pastos del piso. Numerosas aves y muchos nidos en las inmediaciones.

Una vez instalados, comimos, nos calmamos (Angel y yo sufrimos sendos ataques de risa en pleno cruce de La Bolsa y en la Laguna), y a las 19:30 propuse dar una vuelta en canoa.
Me acompañó Santiago. El viento había calmado, y el agua era un espejo.
"Da lástima romper el agua" decía Santiago. Intentamos avanzar por un lugar libre de camalotes para ver si hallábamos el arroyo.
Erramos e intentamos más al Sur. Vi unos camalotes que estaban rebrotando y recordé que el dueño del perro negro del año pasado nos había dicho que habían dragado el Chafalote. Atravesamos los brotes y entramos en el arroyo: un canal de unos 10 metros de ancho rodeado de espadañas y camalotes y plagado de sietecolores, federales, junqueros y otros miles de aves.
Anduvimos unos doscientos metros o algo más y volvimos por temor a que se hiciera la noche.

José había llevado un calentador a alcohol sólido que resultó muy interesante: calentó un litro de leche en varias etapas que mucho apreciamos, dado el cansancio. Las nutrias jugaban y jugaban en el agua.
Cuando caímos en la cama-suelo-sobre de dormir-o-como se llame, quedamos fritos.
Santiago y yo cuchicheamos un poco antes de dormir pese a los ronquidos de Angel.

A las 2:30 AM me desperté y desperté a todos, (excepto a Santiago) porque empezó a garuar. Luego de un cambio de aguas general, volvimos a dormir. Antes de volver a acostarme, vi claramente que un mamífero salía de la "Chuleca". Antes, había oído algunas aves que husmeaban en el campamento.

A la mañana, costó levantar a Angel, pero a las 8:30 habíamos dejado el campamento luego de ordenar la carga y comer.
El viento había cambiado diametralmente y hoy estaba del Norte, pero aún no tan fuerte como ayer.
Decidimos cambiar y ahora íbamos: Santiago adelante, yo en el medio y José dirigía.
Cuando salimos del Chafalote cambiamos Santiago y yo. En la Punta de Diamante, nos internamos en los juncos y allí nos preparamos para la travesía: fijamos rumbo, trazamos recorrido, atamos las cosas y nos reímos mucho.
Salimos de los juncos y entramos en las olas. No tan encrespadas como ayer, con el viento de atrás y de la izquierda y a buena velocidad.
Aunque una ola hizo entrar agua a la canoa y temor a Santiago que, mientras achicaba con el polyfom, me pedía que me bajara, hicimos todo el viaje sin problemas.
Daniel y Angel llegaron mucho antes que nosotros porque no se desviaron y desembarcamos en los campos de Ferrés.

Un grupo de excursionistas se iba del predio reserva de MGAP y un petiso rubio, de brazos en jarras, algo separado del grupo evidenció ser el cuidador del Parque.
Tal vez por haraganidad no cruzamos a hablar con él.
Recorrimos el monte de ombúes del otro lado, y tanto a Daniel como a Angel les gustó más que el otro.
La formación cancerígena de un ombú fue motivo para que Angel pidiera al bueno de José que gastara una foto.

"¡Qué pinta de gringo que tenés, Santiago!" fue el grito acosador de Angel durante todo el viaje, al ver la pinta del sombrero de Santiago.

Con la sabia decisión de no hacer mediodía en el monte de ombúes, porque la última remada iba a ser muy difícil después de comer, nos volvimos al puente.



wvigo@adinet.com.uy

Última actualización de esta página: 28/VI/1998
Página inicial: http://www.chasque.apc.org/avigo