En la jerga canoera, decimos 'hacer' un río cuando lo navegamos
durante un recorrido suficientemente largo como para conocerlo un poco.
Transcribo
a continuación algunas anotaciones hechas durante la travesía que
hicimos mi esposa Olga y yo desde el martes 18 al sábado 22 de febrero de
1997.
Jueves, 20 de febrero de 1997, Hora 14:00 Margen izquierda del río
Tacuarembó.
Acabamos de pasar la isla del Ermitaño. Vimos
la entrada de la bifurcación ante la isla, pero no la salida. Esta parecía
un delta antes del arroyo que desemboca por la margen derecha.
Río monótono. Hermosos montes. Pura arena el suelo. El
primer arenal grande sobre la margen derecha lo perdimos. Sólo lo vimos
de lejos después de haberlo pasado.
Olvidamos comprar la galleta.
Escasos de víveres andamos.
La
primera noche la pasamos en el Paso Lavado. El cielo estaba nublado y tal como
se anunciara, al día siguiente llovería. Fina y suave, la
llovizna nos agarró cuando ya habíamos hecho unos cuantos kilómetros.
Tapados con la LonaLeve seguimos remando. De a ratos bogábamos para
mantenernos tapados. ¡El espíritu de Huckleberry Finn!
Al mediodía estábamos calados de frío y tuvimos que
parar bajo el monte galería para hacer fuego y secarnos (cámara de
bicicleta, gracias!)
Vi muy pocas aves con tanta lluvia. Hoy vimos unos
biguá, garzas moras, loros barranqueros en parejas, arañeros,
chingolos, etc. Cuando veníamos en el auto hacia Ansina habíamos
visto cantidad de garcitas bueyeras en bandadas en torno a cada vacuno.
Perdimos la desembocadura del arroyo Tacuarembó chico, pero vimos
-y entramos- en la del arroyo Sauce. También vimos un cañadón
por la margen izquierda. El río estaba crecido, entre 40 cms y un
metro.
Viajamos muy rápido excepto en algunos lugares en que el río
se presentaba en grandes canchas. La primera vez que vimos suelo pedregoso fue
hoy, sobre la margen derecha. Llevo una muestra de lo que creo que es una
arenisca.
Después del cañadón sin nombre de la
izquierda, nos detuvimos para que Olga se bañara, yo escribiera esto y
sacásemos unas fotos de huellas de carpinchos.
En los "bolsones" (así llama Olga a los "pirarajá"
de Santiago) se forman unas filas de sauces, tupidas y singulares a lo largo de
una barra de arena que casi cubre la desembocadura.
Nardos rosados en la desembocadura del arroyo Caraguatá (un arroyo
de respetable caudal cuando vuelca sus aguas en el Tacuarembó). También
identificamos el Tacurú y el arroyo San Gregorio.
Olga se ha
quemado con el sol como tantas otras veces en la canoa y ahora está
tratando de cubrirse enteramente, haciendo uso de pantalones largos, sombreros,
camisas manga larga y hasta velos beduinos.
Había un mojón
de Ute en el Paso de la Laguna que marcaba 3m20 a las 16 horas. El río
estaba crecido pero no parecía tanto. Nos preguntamos si sobre el cero
del río Tacuarembó en ese lugar o sobre el cero del Lago de la
Represa de Rincón del Bonete.
La toponimia en Uruguay es muy
singular: los nombres de los accidentes geográficos se repiten y a veces
designan lugares que no distan mucho entre sí. En este caso la carta
geográfica marca dos Paso de la Laguna con diferencia de unos pocos kilómetros.
El primero (bajando por el río) se halla cerca de Paso Hondo
(Montevideo Chico?) y el otro unos 16 km río abajo. En el primero existe
una placa de bronce puesta en febrero 4 de 1995 por el Intendente de Tacuarembó
que recuerda la reinstalación de la balsa en el lugar. La balsa estaba a
la vista pero fuera del agua. Según nos contara más tarde José,
funcionó muy poco tiempo pues en seguida se desenganchó la linga
de acero y quedó fuera de uso. Llegamos a este Paso al mediodía y
allí almorzamos. Este es un buen lugar para dar por finalizada una
excursión náutica pues nos han dicho que el camino hasta el río
está bueno.
Frente al paso San Gregorio vimos unas piedras en la orilla y muy
probablemente con el río más bajo haya alguna corredera.
En
el segundo Paso de la Laguna hay una linga de acero que cruza el río con
aparente destino de carril de balsa; y otra menor, para transportar cables telefónicos
o algo así. Ambas lingas sin uso.
La
última curva del río Tacuarembó encierra un arenal muy
pintoresco donde hicimos campamento para pasar la última noche de la
excursión. Tal como nos dijera Baby se llega a él a través
de una subida entre árboles y al llegar arriba se presencia el espectáculo
de un arenal no muy extenso pero muy agradable por la cantidad de cosas que
encierra: yacimientos del neolítico; un chorro de agua purificada por
las arenas; los bordes del medanal 'comiéndose' el monte y éste
defendiéndose; etc.
Tal vez la anécdota más jugosa del viaje se trate de la etapa
final:
Madrugamos y preparamos la carga para un viaje corto pero que tendría
el sabor de remar contra corriente en el Río Negro crecido. La otra opción
era seguir río abajo hasta San Gregorio Polanco pero el riesgo era
toparnos con viento en el lago de la represa embarcados en una canoa.
Cada
excursión en canoa supone que nos munamos de las cartas geográficas
correspondientes. Este viaje fue un poco atípico pues casi no tuvo
preparación. Un par de días antes de salir pedí a
Ana que me consiguiera las cartas 1:50000 del río
desde Manuel Díaz hasta la desembocadura en el Río Negro.
Por algún misterioso camino psicológico me había hecho
la idea de que el puente del km 329 estaba en el mismo Paso de las Piedras
(antiguo final del recorrido de los canoeros como Baby, Caballero, Pajarito,
desde donde un tal López los llevaba en carro hasta la estación
del ferrocarril).
La carta 'Paso Ramírez' sólo muestra un par de kilómetros río
arriba de la desembocadura por el Río Negro. En Ansina, Hugo Souza nos
había dicho que el puente estaba 1000 metros río arriba y me lo
creí, pues yo pensaba lo mismo...
A las 8:35 estábamos en la desembocadura del Tacuarembó
listos para remontar el Río Negro. Buscando los remansos, cortando la
corriente con la mayor precisión posible, fuimos avanzando.
Ya
duchos en el manejo de la carta geográfica, nos extrañaba no
divisar a esa altura, el alto puente del kilómetro 329.
En uno de los descansos llegué a la conclusión de que el
puente no estaba en el Paso de las Piedras.
Allí recién
recordé que Victor Lain me había invitado para hacer el Tacuarembó
en Noviembre y me había comunicado que iba a hacerlo hasta San Gregorio
de Polanco porque río arriba eran como ocho kilómetros...
Poco más arriba del Paso de las Piedras el río Negro se angostó
y la correntada se puso brava. Hubo que bajar a una playa cercana y remontar el
Río Negro algunas cuadras llevando la canoa de tiro.
Mi preocupación era si el río tenía más
angosturas o incluso, si había alguna corredera. Al rato de remar y
arrastrar la canoa, divisamos una aripuca que resultó ser del cuidador de
una plantación de pinos: Carlos Púa.
Era mediodía.
Mientras hablábamos los mosquitos nos comían.
Cuando le
pregunté cuánto faltaba para llegar al puente, Carlos exclamó:
Pahh! Y el ánimo de Olga cayó aún más.
El día de las elecciones, lo habían llevado a votar por el río
crecido, más crecido que ahora, en un bote río arriba. Ël,
que no era bueno para el nadido, dijo que la próxima vez pagaba
la multa pero por el río no iba más.
Buscando precisión,
pregunté cuán lejos estaría y dijo que por lo menos media
hora...
Vuelta el alma al cuerpo nos despedimos de él, de los mosquitos y
del susto que teníamos por creernos completamente alejados del destino
final de la excursión.
La
llegada al puente fue toda una delicia. Hallamos enseguida a Jose y su cuñado
que nos habían ido a buscar en nuestro auto desde Ansina. Nomás
al salir de debajo del puente, no veo una piedra de generoso tamaño en
mitad del camino y del golpazo, se rompe el carburador.
Por la tortuosa,
empastada, pedregosa y olvidada Ruta 6, emprendimos el regreso a Ansina. Con el
carburador atado con alambre y poca nafta en el tanque llegamos a Caraguatá.
No había mecánicos y hubo que llegar a Ansina para reparar el
Opel.
Pasamos la noche en el Parador del Puente y al día siguiente
nos despedimos de José Olivera y Hugo Souza y emprendimos el regreso a
Canelones.
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Última actualización de esta página: 15/V/1997 |