¿Qué es la Pastoral Penitenciaria?
La Pastoral Penitenciaria es la presencia viva de la Iglesia en el mundo de la cárcel y que de esta forma reafirma la opción preferencial por los pobres, tratando de ser fieles seguidores de Cristo.
Para la Pastoral Penitenciaria evangelizar es anunciar la Buena Noticia de Jesús entre los encarcelados.
La Pastoral Penitenciaria debe actuar para que la reconciliación entre los hombres sea signo del Reino de Dios.
¿Quiénes participan en la Pastoral Penitenciaria?
Mujeres y hombres de fe, llamados por el Señor a la práctica de la caridad en el ámbito carcelario. A la escucha de la Palabra de Dios y de los hermanos privados de su libertad. En actitud de oración profunda y acción transformadora de una realidad que daña la dignidad humana.
¿Quiénes son los destinatarios de la Pastoral Penitenciaria?
Todos los involucrados en esta temática tan dolorosa.
- Los presos. Ellos son los protagonistas directos de esta pastoral. Son los que sufren y experimentan en carne propia lo que supone la privación de libertad. Nuestra acción pastoral debe ser respetuosa de su persona, sin imponer nada, respetar su silencio, estar a su servicio. Ir al rescate de su Dignidad de Hijo/a de Dios.
- Los liberados. La salida es muy difícil, por eso nuestra acción debería estar orientada a apoyarlos en su proceso de reinserción. Exigir para que sus necesidades básicas puedan ser satisfechas.
- Las familias. Ellas sufren junto a sus familiares que están en prisión. Muchos no entienden, la mayoría son pobres, no comprenden las circunstancias por la que su familiar está preso, pero la realidad es que sus vidas se han roto, están destrozadas. Esto genera situaciones negativas: se pierde la fuente de ingresos económicos, deben de soportar la vergüenza social, se van rompiendo los lazos de afectividad, los hijos comparan su situación con la de otros niños de “familias normales”. En muchas situaciones, la prisión supone una ruptura familiar de por vida.
La Pastoral Penitenciaria debe estar presente con estas familias que sufren, para acompañarlas, ayudarles, orientarles y presentarles un futuro distinto al relacionado con el mundo de la prisión.
- Los funcionarios y trabajadores de la Administración de Justicia. Los funcionarios de prisiones: jueces, fiscales, abogados y procuradores, necesitan por parte de nuestra pastoral una doble atención. Por un lado, cercanía humana. Si queremos humanizar la prisión hemos de estar atentos a todos los elementos humanos que la configuran. Estas personas viven una realidad que en ocasiones no es fácil y necesitan nuestro apoyo y comprensión. Por otro lado necesitan sensibilidad. Además de la aplicación fría y estricta de las normas, descubran a la persona que tienen delante, por encima de catalogarla como un número o un expediente.
- La Iglesia. Es la primera destinataria de nuestra pastoral, y la primera responsable del cuidado de sus hijos en prisión. En ocasiones nos sentimos solos y abandonados por ella. La Iglesia en libertad debe vivir en permanente comunión con la Iglesia en prisión. La Pastoral Penitenciaria debe empezar por sensibilizar a la gente de la Iglesia, para que entre todos hagamos una Iglesia más fraterna y acogedora.
Cada parroquia debería saber cuantos hermanos suyos se encuentran en la cárcel, tener un programa de acción para con ellos y sus familias, los liberados, la prevención.
- La sociedad. Es la garante de la reinserción o no reinserción social. Si no crea estructuras favorables y positivas de acogida y aceptación del liberado, éste volverá con seguridad a la cárcel. La Pastoral Penitenciaria deberá tener en sus programas proyectos de sensibilización social sobre el tema de las prisiones, generando en la sociedad actitudes y comportamientos de acogida y aceptación. Es bueno que comunique a la sociedad las actividades que desarrolla y sus programas.
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