Cuarta parte

requisitos o criterios científicos para evaluar los organismos modificados por ingeniería genética y los efectos de su introducción al medio ambiente

Muchos científicos que trabajan en la interrelación de genes, organismos y medio ambiente, y en ecología y evaluación del riesgo, cuestionan cada vez más la validez científica de muchas de las premisas básicas del viejo paradigma genético que actualmente pauta la práctica de la ingeniería genética y forja las políticas relativas a sus aplicaciones. Cada vez existe mayor preocupación en el ámbito científico por las consecuencias potencialmente graves resultantes de la aplicación de esta nueva biotecnología, dado las falacias que todavía se manejan.

Este capítulo propone algunos requisitos y criterios científicos básicos para la formulación de un protocolo de bioseguridad.

1. La ingeniería genética es básicamente distinta del mejoramiento tradicional; plantea nuevos riesgos y exige ensayos bien diseñados

Es falso afirmar que no existe una distinción conceptual entre las variedades nuevas de organismos mejorados por los métodos clásicos y las creadas por la ingeniería genética en las cuales se aplican técnicas moleculares que modifican el ADN y recombinan genes entre especies que tienen poca o ninguna probabilidad de intercambiar genes en la naturaleza. Como rasgo distintivo de los métodos de mejoramiento convencional, donde formas diferentes de los mismos genes (alelos) se combinan con variedades de la misma especie o de especies emparentadas, la ingeniería genética transfiere genes nuevos a los organismos, facilitado por los vectores.

Generalmente no hay control sobre el lugar del genoma en el cual se insertarán los nuevos genes, lo que torna altamente impredecibles, cuando no perniciosos, los efectos de la transferencia de genes. Los vectores pueden movilizarse más por sí mismos y causar otros efectos, incluido el cáncer, y pueden recombinarse con otros virus para generar agentes patógenos. A efectos de facilitar la selección de esos protoplastos con genes transferidos, los genes de resistencia a los antibióticos se incorporan como marcadores. Estos marcadores son una nueva fuente de riesgos no presentes en los organismos mejorados por los métodos clásicos. Dado el alto grado de imprevisibilidad del impacto de los organismos modificados por ingeniería genética en el medio ambiente y la salud humana, resulta imperativo que el principio de precaución esté en la base de cualquier protocolo.

De lo cual se desprende que no hay sustento para el argumento que dice que la experiencia ha demostrado que existen pocos riesgos, o ninguno, en el uso confinado y la introducción de OMGs en el medio ambiente. Por el contrario, el desconocimiento de la distinción básica entre ingeniería genética y métodos de mejoramiento tradicionales ha llevado a ensayos de campo inadecuadamente diseñados y monitoreados para evaluar el impacto y la seguridad en el medio ambiente.

2. Necesidad de un estudio adecuado del conocimiento actual de la nueva genética, incluida la inestabilidad genómica y las transferencias horizontales de genes, lo que exige la adopción de un enfoque holístico de los ecosistemas

Los genes no funcionan en forma aislada. Por el contrario, sus acciones están tan íntimamente ligadas que es cada vez más difícil definir un gen. Los propios genes funcionan dentro de una red compleja e integrada de controles y equilibrios en relación con el ambiente interno y externo, de manera que el organismo puede mantenerse y reproducirse de manera estable y reiteradamente en su comunidad ecológica. Cuando esta compleja red de interrelaciones es perturbada más allá de ciertos límites, se rompe, a menudo con consecuencias catastróficas que pueden conducir incluso a la muerte (Saunders, P.T., 1994).

La transferencia de genes externos en la creación de plantas y animales transgénicos, que posteriormente son liberados en gran escala en el medio ambiente, provocan una gran conmoción tanto en los organismos en los cuales se introducen los transgenes, como en la comunidad ecológica dentro de la cual luego se liberan. En el caso de los organismos transgénicos ya hemos presenciado una mortalidad en gran escala, y entre los supervivientes numerosos casos de enfermedades y deformaciones. Seguramente las consecuencias de alterar el equilibrio ecológico serán igualmente devastadoras, si bien, por supuesto, la escala temporal es mucho más larga.

El viejo paradigma genético tuvo una errónea noción reduccionista de la unicidad y complejidad orgánica. Consideró al ADN o a los genes como las partes esenciales más importantes, constantes y estables de los organismos. Consideró a los genes como los que determinan, de manera simple y lineal, las características de los organismos. Desde los 70, la genética molecular ha brindado sistemáticamente cada vez más pruebas de lo contrario, demostrando que los genes son inestables y que pueden responder directamente al medio ambiente cuando éste es perturbado. Estos hallazgos revelan una complejidad y dinamismo hasta ahora inimaginados en los procesos celulares y génicos implicados en la expresión de los genes, muchos de los cuales sirven para desestabilizar y alterar los genomas dentro del lapso de vida de la totalidad de los organismos (Pollard, J., 1984; Ho, M.W., 1987; Rennie, J., 1993). Estos procesos impresionaron de tal forma a los genetistas moleculares, que hace diez años acuñaron la expresión "genoma fluido" (Dover, G.A. y Flavell, R.B. eds., 1982). La gran lección de estos procesos del genoma fluido es que la estabilidad y reiteración del desarrollo -que reconocemos como hereditario- no reside exclusivamente en los genes sino que se distribuye por el complejo de las interrelaciones entre un organismo y su comunidad ecológica. En realidad, es este complejo de interrelaciones lo que estabiliza a los genomas.

Esto revela el carácter intrínsecamente problemático de los impactos sobre el medio ambiente y la salud de los OMG, y exige que para extraer las conclusiones incluso más inciertas es necesario tener el máximo de cuidado. También cuestiona los fundamentos de la ingeniería genética, en particular su proclamada eficacia en comparación con muchos enfoques holísticos actuales.

Una vez más, la aplicación del principio de precaución es el mejor enfoque porque sería difícil, si no imposible, recuperar los OMG con efectos adversos que han sido liberados en el medio ambiente o que se han fugado del confinamiento.

2.1. Evaluaciones que tienen en cuenta la inestabilidad genómica, las transferencias horizontales de genes y el enfoque sistémico

A continuación se propone lo siguiente para una evaluación que reconozca la inestabilidad genómica, las transferencias horizontales de genes y el enfoque sistémico:

(a) Datos sobre las características del organismo transgénico comparado con el control no transgénico, especialmente con relación a las modificaciones secundarias no deseadas debido a la transferencia de genes, ya sea que produzca por demás o que carezca de algunos constituyentes o si los constituyentes nuevos están sintetizados, lo que podría representar un riesgo para la salud cuando se utiliza como fuente de alimentos o como alimento para los animales.

(b) Movilizaciones o inestabilidad secundarias de los genes que destruyan las propiedades transgénicas al tiempo que originen transferencias horizontales de genes mediatizadas por vectores animal/insecto, microorganismos y agentes virales/plásmidos infecciosos;

(c) Capacidad de las especies no identificadas como objetivo, para desarrollar los rasgos transgénicos requeridos, tales como resistencia a los herbicidas en caso de que el transgénico crezca conjuntamente con el herbicida;

(d) Capacidad de los transgenes movilizados de saltar a los genomas de otras especies, incluso la humana, provocando daños impredecibles;

(e) Capacidad de los marcadores antibióticos de propagarse horizontalmente, acelerando la resistencia a los antibióticos;

(f) Capacidad de los transgenes/vectores para mutar y recombinarse con agentes patógenos que aparecen naturalmente para formar "agentes patógenos noveles con características alteradas". Los vectores para ser utilizados en animales superiores se construyen a partir de virus patógenos en primer lugar, y si bien han estado inactivos, podrían fácilmente recombinarse con el agente patógeno. En ese sentido, es particularmente preocupante la creación de "vacunas de amplio espectro" con amplias gamas de genes incorporados de distintos virus patógenos.

3. El confinamiento biológico no puede garantizarse, lo que exige procedimientos de prueba y monitoreo DE MAYOR ALCANCE

La información acumulada en los últimos años demuestra que no es posible garantizar el concepto de confinamiento biológico, sobre el cual se basa la reglamentación legal existente. Las razones son dobles:

(a) Los organismos manipulados por ingeniería genética pueden sobrevivir o transferir sus transgenes a los organismos autóctonos, y su confinamiento no es total aún cuando su confinamiento biológico sea altamente sofisticado.

(b) La persistencia del ADN es más poderosa de lo que se supone.

Por lo tanto, la evaluación de los impactos ecológicos y sobre la salud no puede darse por terminada con la noción de que determinado OMG no sobrevivirá. La supervivencia inesperada, la latencia, las transferencias secundarias de genes a través de la conjugación, transducción y transformación y la persistencia del ADN deben ser factores a tener en cuenta al diseñar procedimientos para el uso confinado e incluso para el trabajo con secuencias de ADN recombinante aislado (esta última práctica no está sujeta por el momento a reglamentaciones legales ni medidas de seguridad). La evaluación debe ampliarse y abarcar el seguimiento del destino de los OMG y el ADN que pueden integrarse y eventualmente expresarse en organismos autóctonos.

4. El principio de familiaridad es inapropiado y es necesario un enfoque CASO POR caso

Cada organismo manipulado por ingeniería genética es un caso distinto, por lo que no puede haber pruebas de seguridad genéricas. El uso del principio de la familiaridad de la función o del uso de recursos por organismos de distintos ecosistemas es, pues, inseguro e inadecuado, en especial cuando se desconoce esa función o uso del recurso por parte de organismos que están presentes en la naturaleza. Ese "desconocimiento" es más cierto aún para el caso de los organismos noveles. Dado que la base del conocimiento actual es demasiado limitada, resulta peligroso aplicar el principio de familiaridad en situaciones ambientales. Es necesario un enfoque amplio individual para cada caso.

Las cepas de laboratorio de OMGs no están concebidas para sobrevivir en un ambiente abierto. No es posible aceptar la extrapolación de los datos del laboratorio a los ecosistemas. En la medida que la supervivencia y persistencia de organismos manipulados por ingeniería genética o de ADN, incluso cuando están "mutilados" ha quedado demostrada, resulta inquietante que los datos de la "utilización confinada" puedan no ser confiables.

Los ensayos de campo existentes no están diseñados para recabar datos del medio ambiente, y las condiciones de ensayo no introducen condiciones de producción que abarquen la escala comercial, ambientes variados y la escala temporal.

Por lo tanto, el argumento de que la seguridad de los ensayos de campo vaticina la seguridad a escala comercial no es cierto. No puede aducirse que como las plantas en parcelas pequeñas, confinadas y ecológicamente irrelevantes (utilizadas para estudiar los rasgos comerciales) no "causaron problemas" o no "causaron sorpresas" entonces será seguro liberar comercialmente las formas transgénicas. Con frecuencia se aduce que en más de 500 liberaciones de campo realizadas en Estados Unidos no hubo consecuencias adversas. No obstante, el término "liberaciones" es totalmente equívoco (Regal, P.J., 1994). En gran medida esos ensayos no fueron ensayos científicos sustentados en intereses ecológicos realistas, y sin embargo "esta seudo información sobre seudas liberaciones ha sido citada en los círculos políticos como si 500 liberaciones verdaderas hubieran asegurado a los científicos que no hay motivos legítimos de preocupación científica".

Hace poco, se evaluaron por primera vez los datos de los ensayos de campo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos para ver si daban pie a los reclamos de seguridad. La organización Union of Concerned Scientists (UCS) que realizó la evaluación, concluyó que los datos recabados por el Departamento de Agricultura de los ensayos en pequeña escala tienen escaso valor para la evaluación del riesgo comercial. Muchos informes ni siquiera mencionan -y mucho menos miden- los riesgos ambientales. De los informes que hacen alusión al riesgo ambiental, la mayoría sólo realizaron una exploración visual de las parcelas observando plantas dispersas o cultivos de ensayo aislados de especies cercanas (Mellon y Rissler, 1993). La UCS concluyó que las observaciones de que "nada ocurrió" en esos cientos de ensayos no dicen mucho. En varios casos, los efectos adversos son sutiles y nunca serán registrados por una exploración visual de un terreno. En otros casos, no haber observado la evidencia de riesgo se debe a las condiciones de confinamiento de los ensayos. Muchos de estos cultivos suelen estar aislados de las especies emparentadas silvestres, una situación que garantiza que no haya entrecruzamiento. La UCS advirtió que "...hay que tener cuidado al citar los informes de los ensayos de campo como evidencia inequívoca de la seguridad de cultivos manipulados por ingeniería genética".

La misma inquietud expresa un comentario aparecido en Nature (Kareiva, P., "Transgenic plants on trial", Nature 363, 580-1, 1993):

"... es una pena que se haya perdido la oportunidad de obtener información adecuada de los cientos de ensayos de campo terminados, los cuales pusieron énfasis en los resultados agroeconómicos y se manejaron de tal forma que no fomentaron la observación de varias generaciones sobre poblaciones transgénicas. De manera que si bien se realizaron más de 300 ensayos de campo y todavía no ha surgido ninguna prueba de cruzamiento de la especie en cuestión con malezas emparentadas, eso no debería interpretarse como una observación especialmente tranquilizante. Hemos sido tan minuciosos en confinar o destruir todo tipo de material en los ensayos de campo, que difícilmente podríamos esperar que nos dieran algún indicio de situación problemática. La cuestión es lo que sucederá cuando las semillas transgénicas se propaguen año tras año en distintos hábitats, como ocurriría si se plantaran a escala comercial cultivos manipulados por ingeniería genética".

Incluso en los casos en que los ensayos en un ecosistema sean adecuados, no permiten extrapolar la evaluación del riesgo a otros ecosistemas distintos.

Los resultados de 1994 de los científicos daneses sobre la hibridación espontánea entre la colza manipulada genéticamente (para desarrollar tolerancia a los herbicidas) y una maleza emparentada natural ofrece una prueba inequívoca de que los transgenes podrían dispersarse a otras plantas, contrariando la idea de que los cultivos manipulados por ingeniería genética nunca, o raramente, hibridan. También contradice los resultados de los ensayos realizados por científicos del Reino Unido aproximadamente en la misma época. Es ese trabajo científico -particularmente de los últimos años, que nos advierte de lo impredecible de la naturaleza-, el que debería guiar el trabajo de la Conferencia de las Partes y sus organismos subsidiarios y grupos de trabajo.

5. La escala TEMPORAL para monitorear los efectos ecológicos de la liberación de organismos manipulados por ingeniería genética

Además de la imprevisibilidad intrínseca de las consecuencias de la manipulación del genoma, el largo plazo de los tiempos de respuesta de los ecosistemas también hace necesario tener largos períodos de observación en condiciones aisladas pero realistas con respecto a una situación de campo, antes de permitir una liberación.

El "modelo de especies exóticas" es el único modelo científico disponible para medir los efectos a largo plazo que podrían tener los organismos modificados genéticamente en el ambiente. Los datos existentes demuestran que el intervalo medio entre la introducción y la propagación espontánea de árboles y arbustos no nativos fue de 147 años, con extremos que variaron de 8 a 388 años. Estos resultados se basan en un estudio casi completo de 184 introducciones en el área de Berlín y Brandeburgo, en Alemania. El intervalo promedio para las especies perennes fue de 68 años, y el promedio de 15 plantas anuales o bianuales fue de 32 años.

Ni el potencial de propagación de alguna de estas plantas en el modelo de especies exóticas ni sus efectos no deseados sobre el ecosistema pudo haberse evaluado en los cortos períodos de monitoreo cumpliendo las actuales reglamentaciones, directivas o pautas en materia de bioseguridad. Puede decirse, entonces, que las normas existentes son inadecuadas en términos científicos.

 

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