En 1858 la Virgen María apareció en una gruta de los
Pirineos, cerca de Lourdes en Francia, a una humilde niña, llamada Bernardita
Soubirous. La Señora le pidió que fuera
por quince días a la gruta, para recibir sus mensajes. Era el día 11 de febrero; la última vez será
el 16 de julio del mismo año.
El mensaje de Lourdes es claro y consiste en un
renovado llamado a la conversión de los hombres, invitándolos a un cambio
sincero de vida, para abrirse finalmente al Reino de Dios. Esta es la gracia especial de Lourdes, donde
las confesiones-conversiones son lo más milagroso que se realiza a diario. Allí los peregrinos encuentran una verdadera
paz y serenidad, que revela un contacto con lo sobrenatural.
La Virgen María pide a Bernardita, y por medio de
ella a todos nosotros:
1.
Oración: el rezo del Rosario pero sobre todo la
acción de gracias en la Eucaristía.
2.
Penitencia
y Conversión: con el sacramento de la Reconciliación, pero también con la
solidaridad hacia los más necesitados y el ofrecimiento de las dificultades
(enfermedades) para cumplir la voluntad de Dios.
3.
Comunión
con la Iglesia: “Vengan en
peregrinación y procesión ... construyan un templo ... y celebren
comunitariamente la fe”.
Lourdes propone también varios signos de Fe, como la luz, el agua, las peregrinaciones, la oración y la reconciliación ....
La oración.-
Todos los encuentros de la Virgen María con
Bernardita se dan en un clima de oración:
la señal de la cruz; el rezo del rosario que la Señora sólo desgrana sin
pronunciar palabra; la insistencia de la Virgen de rezar por los pecadores ....
La oración nos es un refugio que nos aleja de nuestros deberes, sino justamente
un compromiso y una fuerza para cambiar el mundo.
Peregrinos de la fe.-
Multitudes de peregrinos acuden diariamente a los santuarios marianos dispersos por todo el mundo. Desde la Gruta de Lourdes, María nos invita a la peregrinación: “Vengan aquí en procesión ...”. Toda nuestra vida es un caminar con Cristo hacia el Padre. El cristiano no puede quedarse cómodo y egoísta; no puede encerrarse en sí mismo, tiene que caminar con sus hermanos. Como el pueblo de Dios en la Biblia, como María, como Jesús, como la Iglesia de todos los tiempos, estamos invitados a ser peregrinos, pueblo de hermanos en camino ...
Reconciliación.-
Como en Lourdes de Francia, también el Santuario de
la Gruta es un lugar de reconciliación y de paz. A la invitación de la Virgen María que muchas veces pide
“Penitencia”, una verdadera conversión
de vida y de corazón. El sacramento de
la Reconciliación, donde confesamos nuestras faltas, nos da el perdón y la paz
con Dios y con los hermanos.
El agua de la vida.-
El agua es un signo sencillo y claro, de vida y de
fecundidad. El agua común y corriente
es de por sí un prodigio de vida, un símbolo de salud y pureza ... pero para
los cristianos es también símbolo de Bautismo y de la vida nueva en
Cristo. La invitación de la Virgen de
Lourdes a beber y lavarse en el agua de la fuente, nos hace renovar nuestro
deseo de vida nueva, nuestras promesas bautismales: aceptar que Jesús, la Vida
verdadera, viva en nosotros.
La Luz de la Fe.-
Cuando un peregrino deja una vela encendida en un
santuario es para simbolizar que deja su corazón delante del Señor y de la
Virgen, y es un gesto muy delicado y respetable. Pero en la liturgia de la Iglesia el verdadero significado de las
velas encendidas converge en el Cirio pascual, signo de Cristo Resucitado, que
es la Luz del mundo. En el Bautismo se
nos dio esta luz con las palabras “Recibe la luz de Cristo”, y a María le
podemos pedir que nos ayude a acrecentar nuestra fe y a ser luz para los demás.
Los Pobres.-
La Virgen María se apareció en un lugar pobre, una
gruta humilde que recordaba la del nacimiento del Niño Dios en la pobreza; se
apareció a una niña pobre, recordando que el mensaje del Evangelio es buena
noticia para los pobres. Toda la
historia de las apariciones, es una historia de niños pobres, enfermos y
necesitados ... y es por eso que los santuarios se transforman en lugares de
solidaridad y esperanza. En este
sentido también las promesas y ofrendas de los peregrinos tienen que poseer un
carácter de entrega y agradecimiento a Dios y a la Virgen, pero también de
comunión y solidaridad con los hermanos más pobres.
Los Enfermos.-
Bernardita fue una niña pobre y enferma. Por estas características todos los niños,
los pobres y los enfermos pueden considerar al santuario de Lourdes como su
casa.
Es por eso que el Papa, Juan Pablo II, ha querido proclamar
el Día Mundial del Enfermo justamente en la fiesta de las apariciones de
Lourdes el 11 de Febrero. También en el
Santuario de la Gruta en Montevideo, se explicita este amor preferencial por
los enfermos. Se reza y se intercede
por los que no pueden venir y se reciben y bendicen a los que pueden acercarse.
La Cruz de Cristo.-
La Virgen María en sus apariciones a Bernardita hace
la señal de la cruz. Ella participó y
sigue participando de la obra de redención de su Hijo Jesús.
La imagen de Cristo, con sus brazos clavados, la
cabeza inclinada, el Corazón abierto por la lanza, todo nos confirma que: “No
hay AMOR más grande que dar la vida”.
Los peregrinos pasan unos instantes frente a la Cruz
del Calvario para recobrar fuerza en su camino de fe y de amor. Al pie de la cruz, como María expresa su
compromiso de querer participar con Cristo en la redención del mundo.
Una Promesa de Felicidad.-
Lourdes nos habla de felicidad. No la felicidad pasajera de quien vive en un
mundo de fantasía, no la felicidad de las propagandas comerciales o de los
poderosos de este mundo, sino la felicidad verdadera del Evangelio de
Jesús. María participó de esta
felicidad “por haber creído”, participó de las bienaventuranzas de su Hijo por
ser pobre y humilde, recta y solidaria, hambrienta de justicia y de paz. María cantó esta felicidad en su canto
hermoso, el Magníficat.
Cuando hacemos una promesa para pedir una gracia
estamos deseando la felicidad y el bien.
Lejos de ser una pretensión sin méritos, las
promesas deben manifestar la humilde postura del cristiano, que pone su vida y
confianza en las manos del Padre Providente.