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Un corazón para amar Una
reflexión sobre tu vida a partir de la vida del P. Dehon Presentación Carta
a los lectores A
los Jóvenes, a los catequistas, a
los integrantes de Amigo
lector, este
libro que tienes en las manos no es propiamente una biografía, aunque
ofrece muchos datos de la vida del P. León Dehon. Los 14 capítulos
presentan algunos aspectos de la vida y de la personalidad de Dehon,
tomados principalmente de la biografía del p. Yves Ledure (traducida al
castellano en Páginas Dehonianas n. 26, en 1997), pero también quieren
ofrecerte algo más. Como
pistas para la reflexión, estos datos biográficos, unidos a algunas
citas del diario del P. Dehon, se han nucleado alrededor de valores y
palabras claves como: ternura, lucha, conocimiento, peregrinación,
amor, testimonio, cercanía, consagración, prueba, recomenzar, reparar,
salir, bondad, entrega total. Son
palabras claves en la vida de cada persona y en la tuya. La historia del
P. Dehon puede ayudarte a profundizar el sentido de tu vida, tu vocación,
tus ideales. Cada capítulo te propone una reflexión personal, que
también podrás compartir en familia, en tu grupo o comunidad. Proponemos
estas reflexiones con motivo del Año Dehoniano, que celebra los 125 años
del nacimiento de Te
deseo una buena lectura y que la historia y el mensaje del P. Dehon
pueda acompañarte en tu camino. Su vida, como la tuya, y la de todas
las personas que peregrinamos en este mundo, es muy preciosa delante de
Dios. Vale la pena vivirla con plenitud. Un
abrazo en el Corazón de Jesús. "Él es nuestra Paz". p.
Quinto, scj. 1. El derecho
a la ternura
Todos
necesitamos experimentar el Amor y El hogar (aún con todas sus
limitaciones) es la cuna de la personalidad. La ternura de los padres y
de los demás familiares favorece la confianza en uno mismo, la
autoestima. Es importante rescatar las luces y las
sombras de nuestro hogar para que sepamos valorar el surgimiento de
nuestra personalidad y de nuestra fe. No hay atajos espirituales que nos
ahorren situarnos ante la realidad limitada de nuestra vida. Cristo
descendió hasta nosotros a fin de que encontráramos la valentía para
descender también hasta nuestra propia realidad. Sólo así podemos
ascender hasta la plena realización en el amor, a la que nos llama
Dios. La historia de León Dehon, empieza el 14
de marzo de 1843 en una familia de El
24 de marzo... eran las primeras vísperas de la fiesta de León nace en una familia de
terratenientes, especializados en la cría de caballos; el abuelo es
alcalde del pueblo en el momento del nacimiento de León. El padre, Alejandro
Dehon, había abandonado toda práctica de vida cristiana. De su
primera educación religiosa, bastante rudimentaria, conserva un sentido
de justicia, una actitud de bondad y de respeto por la religión. Pero
considera que la práctica religiosa no es una ocupación de varones. León, a diferencia de su hermano Enrique,
que sigue las huellas de su padre, no se entusiasma por la vida y las
tareas del campo. En efecto, es con su madre, Estefanía
Vandelet, que el chico teje lazos de profunda ternura que serán
decisivos para su futura orientación cultural y religiosa. La madre de León fue educada en la
espiritualidad de las Hermanas del Sagrado Corazón de Sofía Barat. Su
vida cristiana está profundamente marcada por la devoción al Corazón
de Jesús cuyos elementos esenciales aprende del Manual del Sagrado
Corazón, que la acompañará toda la vida y cuyo contenido será
transmitido a su hijo.
“Es mi madre la que domina mis recuerdos más lejanos. Yo
no la dejaba nunca. Mientras que mi hermano iba y venía con mi padre y
compartía su afición por los cultivos y los caballos, yo me quedaba en
casa y seguía a mi madre paso a paso... Ella me hacía rezar. El
recuerdo de mis oraciones de niño es muy vivo en mí. Por nada en el
mundo ella dejaba de invitarme a rezar por la mañana y por la noche. El
alma hermosa de mi madre se volcó un poco en la mía... ella ha
sido para mí uno de los dones más grandes de mi Dios y el instrumento
de miles de gracias... Ella preparó indirectamente mi vocación.” NHV
1,6-7 León descubre el amor al Corazón de
Jesús sobre las rodillas de su madre. En sus brazos, León aprendió el
amor y la ternura de Dios.
Tú eres alguien, pero necesitas de los demás... Necesitas de tu familia, de tus amigos, del desconocido ¿Hay semillas de ternura en tu corazón? Haz memoria de los gestos de ternura que hay en tu vida ¿Hay
ternura en tu trato personal con el Señor? 2. “Las lecciones de las cosas”
No hay meta sin obstáculos ni
tropiezos. No hay victoria sin una “lucha” perseverante y firme. La vida nos va enseñando a través de
golpes y dificultades que nuestro proyecto de realización personal pasa
por la confrontación de distintas posibilidades y limitaciones. El despertar de la adolescencia significa la toma de conciencia
de la larga lucha de la vida. Después de concurrir a la escuela del pueblo, en la que obtiene
buenos resultados, el joven León Dehon es enviado, junto con su hermano
Enrique, al colegio de Hazebrouck, dirigido por sacerdotes. La elección
es importante porque permite a León vivir en un ambiente cristiano
donde su vocación va a nacer y crecer. Pero la lucha es dura: “La
vida era dura... una parte del colegio estaba en mal estado. Se comía
siempre pan negro... la regla era espartana: madrugar por la mañana,
poco fuego para la calefacción, mucho trabajo y pocas vacaciones. Los
estudios eran muy serios.”
NHV
1,13 A pesar de todo esto, León, una vez salido del colegio,
conservará una larga correspondencia con sus antiguos maestros, porque
la vida austera de esos sacerdotes, totalmente entregados a su tarea
educadora, permanecerá para Dehon como un modelo y un llamado que a su
vez, realizará más tarde. Durante las vacaciones León tiene sus primeros grandes viajes:
en 1855 visita con su padre Junto a sus estudios, León se inscribe en La atracción por el sacerdocio se presenta desde el primer año
del colegio. La misa cotidiana y la tarea de sacristán, por su parte,
ayudarán para eso. León fija su decisión de responder a ese llamado
en la noche de Navidad de Por cierto, el adolescente conocerá las dificultades y las
tentaciones propias de su edad. “Las
tentaciones y las debilidades nunca me descorazonaron. La gracia actuaba
con mucha fuerza en mi corazón, mientras que la edad crítica me
despertaba bastantes luchas... En mis momentos de generosidad, aspiraba
al martirio.”
NHV 1,26;29 La decisión del adolescente es irrevocable y sabrá encontrar
los caminos, a veces originales, para realizar el proyecto. En él se
manifiesta una personalidad fuerte que se construye sobre la base de
convicciones reflexionadas y de perseverancia en la lucha para defender
sus decisiones. A los 16 años, León Dehon termina sus estudios secundarios y
sueña una meta hermosa: siente el llamado vocacional. De vuelta a Así se anuda un drama secreto, de sufrimiento, de frustración y
finalmente de soledad entre dos seres que se quieren. Jamás para el P. Dehon el sacerdocio será, de cerca o de lejos,
una carrera. A sus ojos, ver en el sacerdote a un funcionario de Dios,
es una caricatura. Por su historia personal, Dehon ha vivido el
sacerdocio como quien no se casa con las ambiciones personales o los éxitos
sociales. Habla de la aventura espiritual, que no tolera la mediocridad.
Su lucha es por un ideal de entrega generosa por los demás y no por una
satisfacción personal.
Lleva tiempo y mucha constancia defender un
ideal. ¿Cuál es tu lucha, tu compromiso? Haz memoria de los obstáculos que hubo o que
hay en tu camino, ¿cómo son tus actitudes frente a ellos? ¿Te
desanimas o buscas superarlos? ¿Hay
motivaciones profundas en tu vida o simples fogonazos que se apagan...? 3.
La pasión de ver y saber
No se puede cambiar el mundo sólo con fantasías. La sociedad necesita gente preparada, con una sólida base de
estudios. El mundo no entra en una escuela o en una biblioteca... más bien
la escuela (el estudio) y la biblioteca (el saber), están en el mundo. Ante la negativa del padre, León Dehon, joven universitario en
París, se inscribe para el concurso de Vive intensamente su compromiso de estudiante. Se impone un ritmo
de vida tal que pueda favorecer su vocación sacerdotal, su objetivo último.
Participa asiduamente en la parroquia de San Sulpicio, en especial en la
misa matinal cotidiana. “La
vida de estudiante me dejó un recuerdo puro y alegre. Iba de mi habitación
a clase, pasando por San Sulpicio... Nada me alejaba de la piedad ni del
estudio. Lo que veía dilataba mi alma y me elevaba a Dios.”
NHV
1,37 Durante todos sus estudios León no olvidó la dura realidad de
los más necesitados. Se empeña en las diversas obras de la parroquia
como Atravesando esas calles estrechas, sin sol, nauseabundas,
superpobladas, el joven bien vestido debe soportar los sarcasmos y los
insultos de los que, a causa de sus condiciones de vida, han perdido
toda dignidad humana. Mide también la brecha que separa las clases
sociales; toca con su mano el odio profundo que el pueblo marcado por la
miseria tiene contra la burguesía. Para remediar estos males el
estudiante se empeña en las obras de caridad. Más tarde, recordando
esta experiencia, medirá los límites de la misma: la caridad no es
suficiente; los marginados ante todo tienen derecho a la justicia
social. Por otro lado, León Dehon aprovecha su estadía en París para
abrirse a la vida de la sociedad y a la política. Frecuenta asiduamente
el Círculo Católico de San Sulpicio, un lugar de encuentro y de
cambio, frecuentado por los estudiantes e intelectuales católicos. Allí
se organizaban debates apasionados tanto sobre cuestiones literarias
como sobre conflictos de actualidad. En el Círculo Católico Dehon conoce a un joven estudiante de
arqueología, León Palustre, que más tarde se hará famoso por sus
publicaciones. Una amistad profunda nace entre los dos estudiantes que
alquilan un pequeño departamento y comparten un ideal cristiano común.
Palustre hará sentir a León Dehon el gusto por los viajes y por el
mundo de las artes, la pintura y la arquitectura. En su pequeño
departamento comienzan muy temprano su día -a las cinco de la mañana-
con media hora de lectura de Desde abril hasta julio de 1861 León Dehon reside en Inglaterra
para aprender la lengua del país. Regresará al año siguiente con
Palustre para una gira a través de Inglaterra, Escocia e Irlanda. En 1863, Dehon emprende un nuevo viaje con Palustre recorriendo
Alemania del Norte, los países escandinavos y luego Europa central.
Dehon vive sus viajes como un medio de cultura más que como un placer.
En ellos descubre la vida, las costumbres y la historia de los pueblos.
Llenará cuadernos de notas y de anécdotas que parecen, a veces, la
copia de una guía turística. Pero no faltan las observaciones
personales; siempre está atento a las personas y protesta frente a las
situaciones insoportables. Por medio de los viajes aprende a conocer al
hombre en su realidad cotidiana de una variedad infinita. Los viajes son
escuelas de tolerancia y aceptación de todas las culturas. Siempre
desconfiará de los nacionalismos estrechos, sean los del pensamiento o
los del corazón. En
¿Qué valor tiene para mi el estudio o una
carrera? ¿Estoy abierto o serrado a la aventura de
aprender? Mis estudios, viajes, lecturas... ¿son sólo
para mí, o me abren a los demás, y
a la dura realidad que nos rodea? 4.
Tras las huellas de Jesús
No hay meta sin camino. El camino del joven Dehon parece haber
alcanzado una meta importante. Ni los viajes ni los estudios apartan a León Dehon de su vocación.
Este tiempo de maduración lo ha confirmado en su voluntad de ser
sacerdote. Le quedaba convencer a su padre. El diálogo fue uno de los más
difíciles y el padre se negó a oír a su hijo hablar de sacerdocio. Mi padre me había prometido claramente que una vez doctor me
dejaría libre, pero, llegado el momento, no quería aún rendirse”.
NHV 2,70 La situación está bloqueada. Palustre, que se encuentra en Después de haber atravesado el sur de Alemania, Suiza e Italia
del Norte, pasando por Venecia, alcanzan Grecia, luego en barco llegan a
Egipto y allí los dos estudiantes se quedan tres meses, visitando los más
importantes centros culturales. León, sin embargo, tiene prisa por
llegar a Jerusalén, porque Los grandes días de la semana santa en Jerusalén son los más
conmovedores que se pueden experimentar. Uno sigue, estremeciéndose,
todas las etapas de El regreso lo realizan por Asia Menor; paran en Constantinopla,
suben por Hungría y Austria y allí los viajeros se separan. Palustre
regresa directamente a París mientras que Dehon se dirige a Roma adonde
llega el 14 de junio de 1865. Consigue también una audiencia con Pío
IX, al cual manifiesta su vocación y su duda sobre el lugar de sus
estudios teológicos. El consejo del Papa pesará mucho sobre él: Roma
le ganará a San Sulpicio de París. Vuelto a casa también la madre, pese a su piedad, parece no
compartir el propósito de León. Se ve, entonces, forzado a imponer a
sus padres la decisión de ir a Roma. Una determinación semejante, en
un joven tan sensible como León manifiesta la firme convicción que lo
domina y que lo guiará toda la vida. Esta determinación no excluye los
sufrimientos y las heridas del alma, frente a la incomprensión de sus
padres. Tuve
que sostener con mis padres algunas escenas muy dolorosas. Mi padre sufría
cruelmente por mi decisión: él no entendía nada... Soñaba para mí
una carrera de honores según el mundo. Durante largo tiempo deseó para
mí Hay un camino para cada uno... y tú, ¿has
buscado y descubierto el tuyo? Alguien te espera en la encrucijada... ¿Estás
dispuesto a decirle: “Señor, enséñame tus caminos”? 5.
El camino del amor
El amor... para un hombre es su mujer,
para una mujer es su amado, pero el amor es mucho más que dos; el amor
para una pareja son los hijos y para los hijos sus padres. Para un
amigo, el amigo y para un hermano todos los hermanos. El amor no tiene fronteras, aquí o allá lo que cuenta es AMAR. Por amor a su vocación León Dehon llega en octubre de 1865 al
Seminario Francés de Roma, Santa Chiara. Concurre al Colegio Romano
(hoy “El
Sagrado Corazón de Jesús, principio de nuestro amor, es toda la teología”. “Tú amarás. Tú amarás a tu Dios, tú amarás a tu prójimo
como a ti mismo, he ahí toda la moral”. “Dios es amor, y nosotros
creemos en el amor, he ahí todo el objeto de nuestra fe”. Empieza con un año de Filosofía, finalizado el cual rinde su
doctorado, porque se lo dispensa de una escolaridad más larga en razón
de sus estudios anteriores. Estudiará después Teología y Derecho Canónico.
En estas dos disciplinas también aprueba el doctorado. Cuando regresa
de Roma, en 1871, es cuatro veces doctor: los tres doctorados
conseguidos en Roma y el de París. Esta preparación intelectual es muy
importante para el P. Dehon. Si
la formación dogmática del sacerdote es vigorosa, su acción
moralizadora será potente, porque no dejará de comunicar al pueblo
convicciones que acarrean consecuencias prácticas... El sacerdote debe
ser un hombre de su tiempo y estudiar los grandes problemas que agitan
la sociedad. El joven de 28 años que en octubre de 1865, llega a Roma queda
literalmente fascinado por la ciudad eterna que elegirá como segunda
patria. El aficionado al arte no acaba de realizar el inventario de los
tesoros artísticos de Roma. Allí encuentra también al arqueólogo
Palustre y juntos descubren y admiran La extrema sobriedad de esta nota sobre la llegada al seminario
expresa la plenitud interior del joven, porque el tiempo del seminario
representa para él un período de intensa maduración. Si el P. Dehon pudo superar las grandes resistencias paternas
para ser sacerdote fue porque tenía una idea elevada del sacerdocio que
no se expresaba en términos de función y de ministerio, sino de vida.
Él ve y vive el sacerdocio como una vida de unión, la más estrecha
posible, con Dios, meditando incansablemente los misterios de la vida de
Jesús. En esta contemplación de los misterios; es decir, de los
grandes acontecimientos de la vida de Cristo, el estudiante descubre y
acoge el amor de Dios para con los hombres. Este camino le permite
integrar la espiritualidad del Corazón de Jesús que hereda de la época,
particularmente de su madre. En la lógica de esta espiritualidad, Dehon
concibe el sacerdocio en términos de consagración a Dios. Esta
consagración es la condición de su eficacia espiritual y misionera. En
la medida en que el sacerdote es otro Cristo, debe, según la expresión
de San Pablo, tener los mismos sentimientos de Cristo y amar como él amó. Es consagrado sacerdote, en presencia de sus padres, el 19
de diciembre de 1868, en Yo me levantaba presbítero, poseído por Cristo, todo lleno de
Él, de su amor por el Padre, de su celo por las almas, de su espíritu
de oración y de sacrificio. NHV 6,81 Su dicha es aún más grande porque su padre participa de la
impresionante ceremonia de ordenación de casi 200 sacerdotes. Al día
siguiente, los padres asisten a la primera misa de su hijo y comulgan de
su mano. La emoción es plena, porque el hijo es testigo de la vuelta a
la práctica religiosa de su padre, objeto de tantas oraciones y luchas.
Y tú, ¿has encontrado el camino del amor? ¿Cuál
es la meta que quieres alcanzar en tu vida? 6.
Testigo del Concilio Vaticano I
El testigo tiene los ojos abiertos, los
oídos atentos... y el corazón grande. Cuando en 1869, Pío IX convoca el Concilio Vaticano I, el joven
sacerdote Dehon es elegido para desempeñar la función de taquígrafo
en las sesiones. Esta asistencia a los debates del Concilio fue muy rica para él
en enseñanzas: “Había
tocado de cerca la vida de Los 774 obispos que participan en el Concilio le harán descubrir
la extraordinaria diversidad y riqueza de El Concilio proporciona al taquígrafo la ocasión de conocer de
cerca a muchos obispos... Mide su densidad humana, con sus debilidades y
sus límites. Según su costumbre, León Dehon redacta un diario que fue
publicado en 1962 con motivo de la apertura del Vaticano II. Este diario
del concilio es un documento valioso: contiene una galería de retratos
que subraya la extrema diversidad de esta asamblea de obispos. Dehon es
un testigo atento; las observaciones sobre las personas ponen en
evidencia “la lucha ardiente y a menudo apasionada en el Concilio y
fuera de él” a propósito de la infalibilidad papal. Lamenta
vivamente que los contrarios a la proclamación del dogma hayan sido
excluidos de las comisiones preparatorias. “Se comenzó enseguida con un poco de estrechez de miras como
en la clase de teología”. Esta observación, hecha por un romano convencido,
manifiesta una personalidad abierta más allá de sus propias
convicciones. El 18 de julio de 1870 el dogma de la infalibilidad papal es
votado casi por unanimidad: sobre 535 votantes, sólo hay dos votos
contrarios. Es cierto que unos 80 opositores no habían concurrido a
esta sesión solemne. Dehon tiene cuidado en anotar, con la mayor
satisfacción que todos los contrarios aceptaron el dogma, una vez
proclamado. El 20 de julio regresa a Francia. La guerra franco-alemana y
la caída del Estado Pontificio impedirán la reanudación del Concilio.
El joven presbítero vivirá estos sucesos en “Si las injusticias de nuestra sociedad no son pecado, entonces
no existe ningún pecado”. “La explotación ha invadido todas las relaciones de la vida
social de hoy; es preciso hacer reinar a toda costa la equidad y
establecer la justicia en todo”. Dehon, como testigo sensible, mira esta realidad y la estudia.
Lee a los líderes de la escuela social liberal cristiana y se empapa de
sus análisis, que lo ayudan a comprender la cuestión social. Los
estudios no encierran a Dehon en un universo fuera de la realidad y de
las preocupaciones humanas; al contrario, motivan una mejor presencia en
su tiempo. Después de completar sus estudios en Roma ya a fines de julio de
1871, Dehon se pone a disposición del obispo de Soissons. El P. Dehon
es nombrado séptimo vicario de la única parroquia de San Quintín, la
segunda ciudad, en importancia, del departamento de Aisne. Tal
nombramiento está en las antípodas de los proyectos del joven presbítero:
una vida consagrada a los estudios para responder a los desafíos de los
tiempos modernos. De hecho, es difícil dar una explicación a tal
decisión episcopal que no toma para nada en cuenta las cualidades
excepcionales y la preparación fuera de lo común del joven sacerdote. Por lo que se refiere al P. Dehon, él ve en esta decisión un
llamado de Dios, retomando la actitud misma de María en ¿Qué miras, qué escuchas, por qué y para
quién late tu corazón? ¿Sabes descubrir los caminos de Dios en las
circunstancias de la vida y entregarte con generosidad y confianza al
cumplimiento de su voluntad? 7. Que el pastor conozca a sus ovejas
El 3 de noviembre de 1871, el P. Dehon asume como capellán
vicario de la parroquia de San Quintín, que con sus 35.000 habitantes
es la más poblada de la diócesis. En esta ciudad “industrial” la
injusticia y la explotación del obrero son muy grandes. “La
situación de esta pobre gente es peor que la de los esclavos de la
antigüedad... No hay duda de que nuestra sociedad está podrida.” En la casa parroquial Dehon goza de una vida de comunidad, pero
lamenta que el ministerio de los vicarios quede absorbido por los
entierros, los catecismos y las visitas a los enfermos: una pastoral que
no entra en contacto con los trabajadores. El joven vicario lo denuncia
sin rodeos. En
estas grandes parroquias sólo se entra en relación con algunas
familias escogidas. Cada vicario es recibido en algunas casas que él
frecuenta. El resto de la ciudad, no ve al sacerdote sino raramente o
tal vez nunca. No se construirán ciudades cristianas con parroquias de
30.000 habitantes; está en contra de todo buen sentido. Es necesario
que el pastor conozca a sus ovejas y que las ovejas conozcan al pastor. León toma contacto con los miembros de la conferencia de San
Vicente de Paúl, cuyo espíritu comparte desde su vida de estudiante. Y
por medio de ellos conoce la situación real del mundo popular obrero. “Ante
todo, sacerdote o laico comprometido, es necesario que entiendan que no
han sido hechos para la sacristía. Ustedes son la sal de la tierra y la
luz de la vida social.” Uno de los mayores objetivos de su compromiso será precisamente
el de reconciliar al pueblo con Dehon es un educador preocupado por la formación de los niños
de los medios populares. Además del catecismo, les ofrece un espacio de
encuentro llamado “patronato”. Para no dejar a los muchachos en la
calle y para brindarles una educación integral, los reúne primero en
su despacho y luego en el patio de un pequeño pensionado que dirige un
miembro de la conferencia de San Vicente de Paúl. Durante el verano de
1872, procura hallar un local más conveniente. Así empieza el Patronato
San José para la formación de la juventud. Dehon quiere que su
proyecto sea un aporte para la renovación de la sociedad y no un simple
pasatiempo: Demasiadas
personas se imaginan que nosotros no tenemos otra ambición que hacer
jugar honestamente a algunos niños los domingos. Nosotros apuntamos más
alto. Nuestro fin es la salvación de la sociedad por medio de la
asociación cristiana. Estamos en presencia de un proyecto educativo integral: charlas
religiosas, curso de economía social, biblioteca, caja de ahorro, coro,
y también un inicio de agencia de empleo para jóvenes trabajadores. El
patronato llega rápidamente a contar con unos 500 jóvenes. Desde 1873, la obra San José, además del patronato, tiene un Círculo
católico de obreros para mayores y en 1875 funda un Círculo de
estudios religiosos y sociales para los estudiantes del liceo de la
ciudad. Al año siguiente, se dirige a la parte patronal y propone a los
empleadores una reunión bimensual para abrirlos a las cuestiones
sociales y hacerles tomar conciencia de sus deberes con los obreros.
Dehon se convierte en un “cura social” que participa en numerosos
congresos, en los que se cruzan los hombres más activos, que comparten
las mismas convicciones en el campo social. Del 25 al 29 de agosto de
1875 participa, en Nantes, en el Sexto Congreso de las Obras. Dehon
quedará particularmente impresionado por la exposición que hace León
Harmel sobre su fábrica textil de Val-des-Bois. Desde ese día empieza
una larga y fructífera colaboración entre estas dos personalidades del
catolicismo social francés. En 1874 el obispo nombra al P. Dehon secretario de
La justicia, como el amor, es un camino abierto
ante ti. HOY
tú puedes EMPEZAR. 8.
Consagrado al Corazón de Jesús
La expresión “tener corazón” significa no sólo poder
vivir, sino vivir con sentido, con afectos y deseos pero también con
decisión y entrega. Jesús es el verdadero Hijo de Dios... pero cuando decimos que
“tenía corazón de hombre” se quiere subrayar su humanidad, su
capacidad de amar, desde las actitudes concretas. Un amor que llegó hasta el extremo cuando en Desde julio de 1873 el P. Dehon es capellán de una pequeña
comunidad de religiosas; la comunidad de las Siervas del Corazón de
Jesús. Esto refuerza su decisión para el futuro: quiere ser
religioso. Pero la realización de su deseo sigue incierta, porque
quiere garantizar el cumplimiento de sus compromisos apostólicos. En
efecto, Dehon no piensa en la vida religiosa según el estilo monástico
de “retiro del mundo”; sino que la concibe dentro de un proyecto
apostólico. Dehon hallará un alma a su proyecto de vida religiosa en
la espiritualidad del Corazón de Jesús y en la idea de reparación. El Sagrado Corazón me ha formado, Él mismo, en el amor, en
Roma. Sentía un atractivo marcado por la vida religiosa, mas era
Nuestro Señor quien se reservaba indicarme más tarde la congregación
que Él quería. El 25 de junio de 1877, Dehon obtiene la aprobación verbal de su
obispo para fundar una sociedad de sacerdotes, al abrigo de un colegio
católico, cuya necesidad y urgencia el vicario había visto desde su
llegada a San Quintín. El obispo da su permiso para una sociedad de
sacerdotes, pero prohíbe propagar la noticia. Cuando anuncia, el 11 de
agosto de 1877, la fundación del Instituto de San Juan, en San Quintín,
silencia totalmente el proyecto de fundación de una congregación
religiosa. El objetivo del obispo continúa siendo la creación de un
gran colegio con una sociedad de sacerdotes que asegure su
funcionamiento, quedando al servicio de la diócesis, aunque tenga una
regla de vida propia. Esta fundación del Instituto San Juan representa para el P.
Dehon la gracia de los comienzos. Es el tiempo privilegiado de la
acogida y de la disponibilidad. Empieza aquí un nuevo tramo de su vida
que es un verdadero punto de partida: la puesta en marcha de una
congregación religiosa de contornos aún imprecisos. Y cuando en la
noche del 29 de diciembre de “Creímos, en la sencillez de nuestra fe, poder
considerar, como un signo providencial, el hecho de que las llamas se
habían detenido delante de la estatua del Sagrado Corazón”. El P. Dehon está solo para empezar, el 31 de julio de 1877, su
noviciado. Hasta el presente, León Dehon había realizado estudios
brillantes y sus primeros años de ministerio le habían asegurado éxitos
y estima general. No será lo mismo después de la fundación de San
Juan y de la congregación. La naturaleza misma de esta fundación pone
al P. Dehon en el corazón de un conflicto político y cultural que
divide profundamente a la sociedad francesa de la época. Al abrir una
escuela católica choca contra una de las reivindicaciones más grandes
de El 28 de junio de 1878, fiesta del Sagrado Corazón, León
Dehon hace su profesión en el pequeño oratorio del colegio San Juan.
Este es el día en el cual nace oficialmente la congregación que se
llamará “Sacerdotes del Corazón de Jesús”. “No hay que buscar en el Evangelio otra cosa que el Amor de Jesús”. La ceremonia fue de las más sencillas y la asistencia reducida a
dos hermanas Siervas, a dos postulantes que no perseveraron y al P.
Rasset, su primer y fiel discípulo. En las manos del Arcipreste de la
ciudad, delegado del obispo, el P. Dehon emite sus primeros votos.
De corazón a Corazón, ¿tu vida, tus esperanzas, tus compromisos...
palpitan junto a Jesús? El corazón es símbolo del amor y de la
alianza; pídele
al Señor de tener un corazón semejante al suyo 9.
La gran prueba y la paz interior
Algunas veces las cosas no se dan como uno esperaba.
Contratiempos, fatalidades o simples desencuentros, pueden cambiar el
curso de nuestra jornada o de nuestros proyectos. El P. Dehon, que ha buscado tanto su camino, consultado a tantas
personalidades religiosas, y golpeado tantas puertas, necesita seguridad
y autenticación en su deseo de cumplir la voluntad de Dios. En la
comunidad de las Siervas del Corazón de Jesús el joven fundador
encuentra su gran apoyo moral. En esta comunidad una hermana, Sor
Ignacia, dice tener “revelaciones que animan y confirman la
fundación”. Alrededor de ella se crea un clima de emotividad y de
exaltación. Estas “revelaciones”, que se extienden por varios años,
contribuyen a crear un clima de fervor muy grande. Pero entre agosto de
1879 y abril de 1880 mueren de una manera inexplicable cuatro jóvenes
religiosas. Fuera del convento, se había cuestionando el estilo de vida
demasiado austero del convento. La prensa anticlerical ataca la buena
reputación de la comunidad y, de rebote, del capellán del convento. A esto se suma el caso del P. Captier, que a los 49 años, quería
crear una “Orden del Sagrado Corazón”, y pensó hallar la
oportunidad en la fundación del P. Dehon. Después de un noviciado más
breve, es nombrado superior de la nueva escuela apostólica que acaba de
ser abierta en Fayet, a las puertas de San Quintín. Su antiguo proyecto
lo vuelve a obsesionar y se pone a escribir un directorio para novicios,
constituciones para su Orden del Sagrado Corazón, con tres ramas
masculinas y diversas femeninas. Compone una multitud de oraciones y de
meditaciones que se inspiran en voces angelicales. Toda esto está
marcado por la extravagancia y la falta de mesura. El comportamiento enfermizo del P. Captier fue la gota que hizo
desbordar el vaso. El obispo envía al Santo Oficio en el Vaticano “un
pesado sumario” en el que se juntan una breve memoria sobre la nueva
congregación con los informes describiendo las “revelaciones” de
Sor Ignacia y las dudosas inspiraciones angelicales del P. Captier. A fines de junio, el P. Dehon recibe una convocatoria que le pide
concurrir al Santo Oficio para dar una explicación. Los numerosos
interrogatorios terminan por despertar en el P. Dehon algunas sospechas.
Toma conciencia de que tantas preguntas sobre las revelaciones empiezan
a recaer sobre la misma fundación hasta el punto de que algunos se
interrogan sobre su naturaleza y su fundamento. El 8 de diciembre de
1883, el P. Dehon conoce, por intermedio de su obispo, la decisión del
Santo Oficio. Su Congregación queda disuelta. La sentencia
romana declara que las comunicaciones de Sor Ignacia no deben ser
consideradas como inspiraciones divinas; el P. Dehon no deberá tener
contacto con las hermanas. El Santo Oficio, no suficientemente
informado, confundiendo el sumario de Captier con el de Sor Ignacia, había
evaluado mal la situación. Para el P. Dehon la decisión de Roma equivale a una sentencia de
muerte: “Dios sabe lo que he sufrido durante esos días de
muerte. Sin una gracia especial, habría perdido la razón o la vida”. Por otro lado, es significativo constatar cómo el P. Dehon en
medio de tanto dolor mantiene una paz interior y una confianza
extraordinaria. “El Señor me pide ahora que destruya lo que me ordenó
construir. No puedo pensar ni un minuto en resistir, eso sería mil
veces insensato. Sólo puedo decir: Hágase su voluntad.” A menudo las cosas que más queremos se complican, y de repente
nos encontramos entre zarzas y espinas. Sólo una profunda convicción y
una fe confiada en Dios, pueden vencer todas las dificultades.
Este ponerse en las manos de Dios (abandonarse completamente en
sus brazos), es la salida segura para los momentos “sin salida”. “El
gran medio para llegar a la paz interior es cumplir la voluntad de
Dios”
Cuatro
meses después de la condena, por un nuevo decreto del Santo Oficio, la
obra renace. La paz interior es muy importante para poder superar los momentos
difíciles. ¿Vives los momentos de prueba con esperanza y paz interior? ¿Qué cosas te dan o te quitan la paz? ¿Confías que eres valioso a los ojos de Dios, y
que Él siempre cuida de ti? 10.
Volver a empezar
No te detengas. Siempre es el momento para volver a empezar. El P. Dehon no se desanima frente a las pruebas; aún cuando
percibe que no es bien interpretado quiere aclarar los malentendidos y
sus buenas intenciones. “El Santo Oficio supone que hemos fundado la congregación
sobre algunas revelaciones; esto no es exacto. Nosotros existíamos un año
antes. Nuestro Señor lo ha permitido: ¡fiat! Es una inmolación que
contará para la obra... Si la obra no hubiera sido divina, hubiera
perecido sin vuelta”. Empiezo a escribir las notas sobre la historia de mi vida, para
estimularme a la gratitud hacia Nuestro Señor y al arrepentimiento de
mis faltas: espero sacar un gran provecho y como una renovación”. La condena romana, con todo el nuevo examen interior que significó,
consigue un nuevo equilibrio en el proyecto dehoniano. Reaparece el tema
de la formación del clero que, después de 1877, había desaparecido de
las preocupaciones del P. Dehon. “Predicar las encíclicas del Papa y sus directivas, rezar por
los sacerdotes, ayudarlos, entregarse a Este texto muestra la evolución de Dehon que se ha abierto a
nuevos horizontes. El primer signo de este cambio aparece en 1887,
cuando el fundador responde a los numerosos y repetidos pedidos de León
Harmel que quiere algunos religiosos dehonianos para la capellanía de
su célebre fábrica-comunidad de Val-des-Bois que, para la época, era
una referencia de progreso social en armonía con el espíritu
cristiano. El P. Dehon escribe esta observación: “Espero de esta
fundación muchas ventajas para el desarrollo de la obra”. Es
efectivamente un desarrollo inédito, que sale de los caminos recorridos
por la pastoral de la época. El esfuerzo de un nuevo equilibrio y la perfecta docilidad del
fundador dan a la obra un aliento nuevo, menos exaltado, menos ardiente,
pero con más fuerza. El fundador sale de la prueba más maduro y la
fundación consolidada. Roma considera esta evolución como muy positiva
y acuerda, el 25 de febrero de 1888, el reconocimiento oficial del
instituto religioso “como una planta florecida y perfumada, en
medio de las zarzas y de las espinas” (Decreto “di LODE”). A los ojos del fundador, este documento romano da una nueva
dimensión a su congregación, como de derecho pontificio. Por este
hecho, el obispo de Soissons no es más el superior. A partir de este
momento, Dehon acentúa la internacionalización de su congregación,
que había empezado con la fundación holandesa de Sittard en 1883. En
noviembre de 1888, los dos primeros misioneros se embarcan para Ecuador. En enero de 1889, el p. Dehon empieza una revista cuyo título
manifiesta el programa de su fundador: El Reino del Corazón de
Jesús en las almas y en las sociedades. En los primeros números,
llama la atención el mensaje de esperanza que se dirige a todos,
principalmente al clero y a los que están desamparados. Dehon quiere
trazar una perspectiva futura en esta sociedad que abandona sus signos
cristianos. Procura buscar un camino de evangelización de esta sociedad
y se impone un trabajo previo de análisis. En este espíritu, cada
entrega trae una crónica, redactada la mayoría de las veces por el P.
Dehon, que relata y analiza los principales acontecimientos de Francia y
de “El culto del Corazón de Jesús, no es para nosotros una
simple devoción, sino una verdadera devoción de toda la vida cristiana
y el acontecimiento más considerable después de la redención. Este
pensamiento domina todos los esfuerzos de nuestro apostolado y es, por
otra parte, la razón de ser de esta revista”.
Cuando te encuentras en alguna dificultad o en
una crisis, ¿confías de verdad en Dios que es capaz de
sostenerte en las pruebas? ¿Puede la crisis ser una oportunidad para
volver a empezar con cambios positivos en lo personal o en lo
social? 11.
Reparar el corazón y la sociedad
Que el mundo está “patas arriba”, es algo que todos
descubrimos en algún momento de decepción. Las injusticias, las guerras, el odio social (... y cuántas
cosas más...) nos “revientan” el alma. No es suficiente protestar y enojarnos, hay que actuar... y
reparar. El P. Dehon entendía que “Es necesario que el Reino del Corazón de Jesús penetre en la
vida social de los pueblos. Aportará el gran remedio a las dolorosas
enfermedades de nuestro mundo”. En la audiencia del 6 de setiembre de 1888 al P. Dehon, el Papa
que el Papa León XIII recomienda al P. Dehon que predique sus
encíclicas. Para él, esta recomendación se convierte en orden
terminante. La publicación de la encíclica Rerum Novarum, el 15
de mayo de 1891, le ofrece la ocasión de llevar a la práctica
la recomendación del Papa. Este “documento salvador” como lo define el P. Dehon, llega a
ser su punto de referencia predilecto, para despertar una renovación
entre el clero, sensibilizándolo en las cuestiones sociales. En 1894
Dehon publica el gran comentario de la encíclica: el Manual social
cristiano, cuya primera parte es el fruto del trabajo de El P. Dehon aparece más y más en el último decenio del siglo
XIX como referencia por su competencia en las cuestiones sociales. Este
período está marcado por una intensa actividad literaria y por
numerosos viajes para participar en congresos, asambleas y encuentros. Hay que recordar, en particular, las conferencias sociales que
dio en Roma durante el invierno de 1897. Su amigo, Mons. Thiberghien,
quiere ofrecer al P. Dehon la ocasión de hacerse conocer en Roma. En
esas conferencias, que atraen unos 500 oyentes, entre ellos muchos
obispos y algunos cardenales, el P. Dehon puede desarrollar el
fundamento de la doctrina social. Con acentos inéditos, el fundador
de los dehonianos defenderá con vigor lo que él llama “el
deber social del sacerdote” que no es oportunismo, “sino un
deber estricto de justicia y de caridad en el cumplimiento riguroso de
su ministerio sacerdotal y pastoral”. Tales conferencias llaman la
atención de León XIII, quien, para subrayar su satisfacción y dar más
fuerza a la palabra del P. Dehon lo nombra ese mismo año, consultor de
un dicasterio vaticano. Un tema recurrente de esta actividad editorial y de
conferencista, que aparece como su última finalidad, es la preocupación
por el clero. Resulta interesante ver qué cuidado pone Dehon al hablar
del sacerdote, para alentar una actividad apostólica inédita, para
abrirlo a las preocupaciones concretas de los hombres y mujeres de una
sociedad que se industrializa. En 1918, resumiendo su compromiso social,
nos da su visión profunda: la “misión de difundir entre el clero los
principios y las obras de la vida social cristiana”. Empleando una
imagen chocante de la época, Dehon hace salir al sacerdote de la
sacristía para empujarlo a “la refriega social”, permitiendo que se
ensucie un poco las manos y que pierda sus privilegios. En el contexto
de la devoción al Sagrado Corazón, la reparación reviste para
el P. Dehon, una clara dimensión social. Es necesario que Cristo reine en las sociedades, en las familias,
en las leyes, en la enseñanza, en las costumbres. Es la condición de
la prosperidad y de la paz, es la manifestación de la verdad, es el
derecho de Dios. (OS.
1,3)
Frente a la injusticia y la maldad que afectan
a toda la sociedad,
¿sólo criticas o te pones al lado del pobre
para reparar con amor lo que el odio destruye? ¿Estás
dispuesto a renovar tu corazón para cambiar la sociedad? 12.
Amor y Justicia
El dúo clásico “amor-justicia” se repite una y otra vez en
los libros del P. Dehon. En sus obras sociales consagra un capítulo a
la espiritualidad del Sagrado Corazón para dar un fundamento místico a
la perspectiva social; y en la mayoría de sus obras espirituales
desarrolla consideraciones sobre el reino social del Corazón de Jesús
para subrayar la dimensión social de esta espiritualidad. Lo que en la época era percibido y visto como una simple devoción,
con Dehon llega a ser una propuesta de renovación del cristianismo y de
la sociedad. Luchará para arrancar la espiritualidad del Sagrado Corazón
de la esfera devocional e intimista. | ||||||