"Adán y Eva nº 2"
de Ernesto Deira

(pintor argentino, 1928 - 1986)

La obra

Es difícil describir e interpretar esta obra del "arte figurativo" de Ernesto Deira.

Nos ayuda el título: "Adán y Eva nº 2" pero será principalmente la contemplación atenta de la obra la que nos pueda iluminar. Con mucha libertad el artista mezcla los colores dejando que ellos mismos creen las figuras. En este cuadro de grandes dimensiones (195 x 260 cm), notamos claramente dos sectores que se oponen, armando un contraste fuerte: a la derecha y atrás un campo de color negro sobre el cual descubrimos la figura de Adán con manchas blancas, azules, verdes y rojas; a la izquierda, al borde de un campo color rojo puro vemos una línea negra que encierra colores y que parece representar el rostro de Eva, la madre de los vivientes. Deira se expresa a partir de pinceladas, manchas de color y pintura que chorrea por el cuadro conforme con su urgencia por exteriorizar la dramaticidad primigenia sde la condición humana. Los críticos ven en su obra un "arte exasperado", de "forma" y "no forma" a la vez, de espontaneidad y vitalismo. A través de estos conceptos Deira buscaba transmitir la violencia que se desprendía de sus pinturas como expresión de un mundo en proceso de formación.

El artista

Ernesto Deira nace en Buenos Aires en 1928. En 1950 se gradúa de abogado.

En 1955 estudia pintura con Leopoldo Presas y Torres Aguero. En 1958 realiza su primera Muestra Individual en la Galería Rubbers, en Buenos Aires, recibiendo el premio Losada del Salón de Acuarelistas y Grabadores. Se reúne con los pintores Macció, de la Vega y Noé. Con ellos, en 1961, hace la primera muestra "Otra Figuración" en la galería Peuser. Con sus pinturas estos artistas se proponen restaurar la figuración después de dos décadas de arte abstracto; pero le dan un sentido distinto a la figura que no es una copia de la realidad sino una creación del todo original del artista. En aquella presentación al público afirmaban: "en nuestra libertad expresiva sentimos la necesidad de incorporar la libertad de la figura". En 1965 obtiene el premio en el Salón de Artistas Jóvenes de América Latina, en Washington y en 1967 obtiene el premio Palanza.

En 1968 presenta los dibujos "Rollos Desenrrollados" (Galería El Taller); en 1971 las pinturas en Blanco y Negro "Identificaciones" en Santiago de Chile y Buenos Aires; en 1973 la Serie Retratos Imaginarios y en 1976 la serie Imágenes de la Pasión. En el último año de su vida, Deira dijo en una entrevista: "La figura ha sido la obsesión de mi vida". Fallece en París en 1986.

La técnica y el color

En esa aparente rapidez de ejecución que la conjunción del esmalte y del óleo permite trabajar en chorreados y deslizamientos, las figuras surgen durante el trabajo mismo con la materia. Una limitación cromática, basada en el empleo de azul, rojo y un poco de verde y amarillo, completa los dos grandes fondos de negro y rojo de los que las figuras pretenden emerger. Al optar por estos grandes tonos cromáticos que sobresalen en toda la obra, Deira se niega al procedimiento del claroscuro, al volumen, al espacio clásico y renacentista. Establecía en cambio su trabajo como una lucha entre planos de distintos colores. Esto da lugar a otra característica fundamental de la obra de Deira: su ceñida síntesis. Al contar con una mínima cantidad de colores y líneas, el espectador es provocado a seguir creando con el artista. Su pintura se expresa en la relación de los colores y de las figuras.

El mensaje

En 1985, en el contexto de la Bienal de San Pablo, donde el grupo Nueva Figuración había sido invitado a participar en la sección histórica, el artista hizo esta declaración: "Yo creo que el arte es una búsqueda que delimita lo sagrado." Sin duda, existía en Ernesto Deira, que se había obsesionado por ciertas aberraciones cometidas por el género humano durante el siglo XX, un profundo deseo de redención colectiva. En esa búsqueda consumió su vida y su obra. El rojo, símbolo de vida, y el negro, símbolo de muerte, se contraponen y hacen emerger las dos figuras de la humanidad primordial, Adán y Eva: símbolos de vida y de muerte a la vez. Esa confrontación constante entre bien y mal, vida y muerte, positivo y negativo, constituyen la base del misterio de la vida humana.