MARÍA JOSEFINA PLÁ:

 

Historias cotidianas cargadas de vida

 

María Josefina Plá, una mujer excepcional comprometida con su tiempo, con su gente, abogada, integrante de la Comunidad Germán que el año pasado cumplió 30 años de vida, sabe comunicar, con mucha sencillez y detalladamente, su experiencia de vida. Es una placer presentar a los lectores de Umbrales esta entrevista.

 

¿Cómo empezó tu experiencia en el barrio ?

Primero entro en contacto con Santa Gema y luego tomo la decisión de venirme al barrio... Es un proceso que recuerdo muy bien, sus detalles, algo como aquello del Evangelio: "Eran las cuatro de la tarde..." Porque son esos momentos que cambian nuestras vidas. La historia empieza en el Oficio Catequístico y si querés un poco antes. Por el mes de marzo de 1975, yo acababa de viajar a Europa por dos meses, llegué y me torcí el tobillo. Y una mañana llega a Isabelino Bosch, la casa de mis padres, Margarita Favaro, religiosa del Sagrado Corazón, mi maestra del Colegio y me propone comenzar en el Oficio, el Curso de Catequesis de Adultos. Yo me resistí porque me parecía que no era eso lo que estaba buscando. Me había recibido de Abogada en 1973. Fue un sacudón grande porque yo me iba a recibir a fines de junio, la mesa llegó a reunirse el 26. En la madrugada llegó la disolución del Parlamento. Papá estaba en el Senado por una suplencia de Juan Pablo Terra, así que recuerdo muy bien esa noche y esos días... Yo quedé sin recibirme. El examen era de Ciencia Política, quedó para el 8 de agosto que se formaron mesas para los que nos recibíamos. Pero eso era lo personal, podríamos hablar del país que era lo grave.

Volviendo con la búsqueda de aquellos días: toda la renovación eclesial con el Concilio, yo la viví con etapas distintas, en el liceo siguiendo el proceso, llevábamos recortes de diarios al colegio, luego en Preparatorios con Olga Dighiero, estudiamos el famoso esquema 13, lo que fue luego la "Gaudium et Spes". Recuerdo la llegada de Parteli a Montevideo, fue un sábado a almorzar a casa. Cuando se hicieron los famosos Encuentros Socio Pastorales, yo me enteraba pero no participé y cuando se lanzó la Pastoral de Conjunto y los grupos, yo sentía deseos pero no me moví, estaba estudiando fuerte, pero algo me latía dentro.

Entonces fue cuando Margarita (que sabía por mi hermano a quien yo le había contado algo de mis inquietudes), me llama para el Curso, pero yo en realidad ansiaba la experiencia de los grupos.

Así que yo le acepté por su insistencia, no sé, lo cierto que no me imaginaba lo que encontraría. Esa constituye como una de mis marcas mayores en la forma de buscar el camino. Mis búsquedas no se caracterizan por mi iniciativa sino por "dejarme encontrar". Más que ponerme plazos, metas, objetivos, yo me siento vibrar, asombrar ante alguna señal, que luego voy siguiendo e hilvanando.

El curso empezó en mayo de 1975, con el p. Roberto Viola. Van dos detalles: el primer día en una dinámica de presentación, debíamos encontrarnos con otra persona, y yo que le había sentido a una joven contarle a otra algo de Santa Gema, de su proyecto de vivir en pequeñas comunidades, la busqué y así conocí a Graciela Ferré.

Al poco tiempo nos hablan de la práctica, de la inserción en una comunidad concreta. Se suponía que se estaban preparando catequistas parroquiales. Y Graciela me invitó a Santa Gema. Creo que lo hizo en más de una ocasión. Pero concretamente me planteó la posibilidad de ir a un Seminario que harían sobre comunidades eclesiales de base. Eso fue el 18 de agosto de 1975.

Casi no voy. Estaba en la parada de 18 de Julio y Br. Artigas, esperando el 106 y pasaron dos sin parar. Recién con el tercero, repleto, llegué tarde. Y lo primero que me dijeron era que al día siguiente debía llevar caramelos por haber llegado tarde. Cuando terminó de hablar el p. Federico Soneira con entusiasmo y "pasión" nos propusieron encontrarnos de a dos para presentarnos; así me encontré con Cristina Rodríguez, a quien yo reconocí como estudiante de Derecho. Hace tres meses, el 31 de diciembre acaba de vivir su pascua. Siempre doy gracias porque fue su rostro, el rostro de la comunidad para mí. Luego nos propusieron reunirnos de a tres parejas y así se formaron comunidades en las que trabajamos hasta el domingo que terminaba el seminario. El 20 era mi cumpleaños... aún conservo la tarjeta que me regalaron esa noche con las firmas de los que allí estaban. El seminario terminó el 24. Allí conocí también al p. Spadaccino que en ese entonces estaba en la parroquia de Vera y Argerich.

El encuentro se organizaba entre las dos parroquias. Y al concluir la semana yo sentía que me quedaba allí, que había descubierto una manera nueva de vivir la fe.

Así que me fui integrando guiada por Graciela, con los jóvenes y con la comunidad de la que ella formaba parte, la comunidad Pablo.

 

¿Cómo nació la Comunidad Germán?

La opción por vivir la fe en pequeñas comunidades, se había tomado en Santa Gema en 1973, en asamblea, luego de un largo proceso de reflexión y búsqueda.

Es recién a fines de ese año 1975, para la celebración penitencial de preparación para Navidad que yo siento el deseo de dar un paso más y venirme a vivir al barrio. La historia de una pequeña comunidad, que había escuchado aquella noche en el Oficio, se había hecho sueño en mí. Ahí empieza un camino de buscar compañeras, casa, ir soñando y armando la idea.

Y así me voy a vivir al barrio en 1977, con Graciela Ferré, alquilando la casa del fondo a la familia Pirotto. En esa casa, al fondo vinieron a buscar a Eduardo su hijo y a Aída, en el año 1974. Había habido una historia de dolor. Y allí nacería la comunidad Germán.

Es de esa fecha que celebramos el año pasado los 30 años, para dar gracias por todo lo vivido, tanto don, tanto milagro, por supuesto que hubo muchos dolores.

La celebración fue muy sencilla, fue un rescate de la memoria. El primer semestre del año pasado fue dedicado a "encontrar" todos esos registros, cartas, fotos, dibujos, memorias de encuentros, de aniversarios y darles un poco de forma y de ahí surgió esa publicación que revela los diversos momentos y etapas de la comunidad....

 

¿Qué recuerdos tienes de la época en que hiciste esta opción?

Cuando miro hacia atrás tengo mucha gratitud y alegría; pese a que como uruguaya viví todo el dolor de ese tiempo, pude encontrar estas señales de vida que me sostuvieron y marcaron mi vida y mis opciones. Llevo más de la mitad de mi vida aquí. Antes fueron las etapas de vida de familia y vida de estudiante, etapas que sigo agradeciendo porque de ellas conservo grandes tesoros. Creo que lo que me marcó fue el "dejar padre y madre" y "venirme al barrio" en aquel entonces.

 

¿Y tu vocación profesional?

Ya te conté que me recibí en 1973.

Naturalmente mis primeros asuntos tuvieron que ver con los despidos producidos a raíz de la huelga general de resistencia al golpe, porque hubo un decreto que autorizaba a despedir sin indemnización a quienes habían participado de la huelga. Luego en 1976, se tiene que ir del país el Dr. Mantero y a raíz de ello nace mi vinculación con AEBU, destituidos, presos, y luego fundación de sindicatos, etc.. Toda una experiencia que deja huellas.

Pero lo que quiero traer aquí fue la impronta que tuvo mi labor profesional con mi venida a vivir al barrio: las experiencias del consultorio parroquial de Santa Gema, luego los 10 años trabajados en la Organización San Vicente, también con un consultorio barrial, Covicruz y todo el camino de la construcción de viviendas del Movide, que fue un movimiento surgido por desalojos y que nucleó a lo que hoy llamamos asentamientos, allá por el año 1982.

Cuando me vine, pensé que mi profesión podía ser un obstáculo, pero luego se fue transformando para descubrir que podía ser claramente un servicio. Aún hoy, a cuatro años de jubilada sigue siendo una impronta muy grande. Hace un rato me llamaba una señora por teléfono diciéndome que quería que viera a su hija, porque yo la había ayudado hace unos años en el trámite de adopción. Ella me dijo que no olvidaba las cosas lindas. Son esas alegrías las que dan sentido y fortalecen la marcha.

 

¿Tu actividad política, es consecuencia de tu opción como cristiana?

Podría decir que mi acercamiento a lo político al igual que al mundo del Derecho, son parte de mi vida desde muy niña, algo que me dio la familia. Luego, de adulta, a cada una de esas facetas o espacios de mi vida, les fui dando mi propio perfil. Todo el tema de los derechos humanos, sin duda tienen mucho que ver con mi fe.

Yo tuve militancia antes de venir al barrio, décadas del 60 y 70, pero luego asumió dimensiones muy especiales, donde mi fe le dio gran impronta. Estoy pensando en el plebiscito del 80, en la opción por el voto en blanco en el año 1982 que acarreó la detención, la opción de hacer el ayuno en el año 1984.

Recuerdo en todas estas experiencias el apoyo de mi comunidad de base, de la comunidad parroquial, y de muchos otros. Me vienen a la memoria los saludos pascuales y otras cartas contando lo que vivíamos o el proceso de la ley de amnistía en el año 1985.

Muchas veces he hablado del discernimiento y de la celebración, de las opciones junto a la comunidad.

El Evangelio, la idea del Reino pesan a la hora de las opciones.

 

¿Qué balance haces de tu vida en la comunidad?

Por un lado, te hablaría de la gratitud por tanta vida vivida, el testimonio de tantos hermanos.

Te diría que el aprendizaje de la fraternidad y la solidaridad siguen vigentes. La comunidad se ha extendido, hoy tal vez mi misión es seguir manteniendo los lazos con aquellos que están más apartados geográficamente, buscando nuevas formas de seguir unidos y en comunión.

Y por otro lado te hablaría de desafíos nuevos, de mirar siempre al hermano que más sufre, de desinstalarnos siempre para encontrar los rostros sufrientes, de ayudar siempre a encontrar el sentido más hondo de nuestras vidas. Son muchos los recuerdos, la formación de la comunidad, Pitita y Artemio Pirotto, el crecimiento de la comunidad al punto de dar lugar a la formación de la "Comunidad Esperanza", la pascua de varios hermanos, la desesperanza muchas veces, el desafío de encontrar siempre "novedad", "vida nueva" en lo cotidiano, en las situaciones de dolor.

 

Ahora que estás jubilada, ¿cómo lo estás viviendo?

Para empezar te diría que aquí en el barrio, uno sigue siendo "la abogada" y eso significa siempre la pregunta o el consejo, el acompañar. Por otro lado, ha significado la búsqueda de otra forma de encontrarme con la gente, en caminatas por el barrio, en visitas, etc..

Me ha tocado vivir una buena parte de estos tiempos dedicada a mis padres, ya mayores, con lo que eso implica.

 

Siempre me gustaron tus memorias, tus historias, ¿puedes contarnos algún hecho actual?

Te contaría de las mañanas disfrutadas barriendo la calle Cochabamba. Una noche salía de mi casa en auto y encontré dos viejitos caminando, uno de ellos con bastón de ciego. Cuando frené y ofrecí llevarlos a Camino Maldonado, dijeron que iban para Cochabamba. Al reconocer entonces a una señora de la comunidad, la llevé hasta su casa. Pero al llegar me encontré con la dificultad para bajarse, porque la calle estaba sucia. Le ofrecí venir al día siguiente a barrerle el cordón. Y me entusiasmé y barrí toda la cuadra. Y al lunes siguiente volví y se fueron creando lazos, encuentros con los vecinos de la cuadra, con los que pasan, la vecina que sale con un café, otra que trae una bolsa grande, el que ayuda a cargarla, el camión que pasa, etc.. Cada lunes hay historias nuevas, el recuerdo del Hermanito Mauricio, etc.. Te diría que se ha convertido en mi lugar de misión....

 

¿Qué expectativas tienes?

Seguir encontrando las señales del Reino, escondidas en tanto gesto pequeño, en historias cotidianas cargadas de vida, de maravilla, de asombro.

 

Gloria Aguerreberry