
Fue una iniciativa del Papa Juan Pablo II en el marco del Año Internacional de la Paz, proclamado por la ONU. Se encontraron unos 200 líderes religiosos (la mitad cristianos, la otra mitad no cristianos). Inclusive se logró una "tregua de Dios"; 12 movimientos guerrilleros en todo el mundo y 40 gobiernos depusieron las armas ese día.
Fue un gran gesto profético que abrió una nueva era en el corazón de los hombres.
Este llamado "espíritu de Asís" es lo que el Papa quiere promover otra vez a nivel mundial para el gran Jubileo del año 2000. No habrá paz mundial, sin paz religiosa. Mientras tanto en la etapa propiamente penitencial del Jubileo, se invita a toda la Iglesia Católica a reconocer con espíritu crítico, las páginas oscuras del milenio que termina. La Comisión teológico-histórica en su revisión enfocará también algunos temas candentes como la intolerancia, el antisemitismo, las inquisiciones. No se trata de juzgar el pasado con los criterios de hoy, sino de evitar los mismos errores en el futuro.
En varias oportunidades, las diferentes religiones e iglesias se han encerrado en sí mismas como poseedoras absolutas de la verdad, sacando de sus propias convicciones y tradiciones motivos de lucha para con los demás y no de diálogo. Hoy también, junto al resurgir en el mundo de actitudes de racismo e intolerancia nacionalista, se observa el avance de un integrismo creciente en las llamadas religiones tradicionales. Este fenómeno no se da sólo en el Islam, en el Judaísmo y en las otras grandes religiones orientales como la hindú y la budista, sino también en algunas iglesias fundamentalistas cristianas.
En la misma Iglesia Católica hay movimientos y corrientes con matices fundamentalistas. Estos grupos buscan reforzar la autoridad, la doctrina y la identidad católica, la disciplina centralizadora...; y lejos de adaptarse a los cambios históricos sueñan con cierto involucionismo o restauracionismo. La adaptación es mirada como claudicación. Estas corrientes son animadas por un moralismo rígido y un espiritualismo que hace que los problemas sociales, no sean asumidos en el núcleo de la fe sino en la periferia. Al no asumir en su realidad misma los problemas sociales, difícilmente superan la etapa del asistencialismo.
Estas nuevas tendencias captan con más facilidad la sed espiritual de quienes, ante la complejidad de las situaciones de marginación, injusticia y desorientación ideológica, optan por creer sólo en el cambio individual. Sueñan con una "sociedad cristiana" y una Iglesia con poder, aunque la sociedad cada vez más pluralista no le reconozca ese poder. La Iglesia debe saber actuar hoy desde una actitud de servicio junto a las demás confesiones y grupos.
Para el teólogo Juan B. Metz, una de las tareas más urgentes en la actualidad es la de preservar la conciencia de la Iglesia de una mentalidad sectaria creciente. "Si bien existe el peligro de adaptarse a las modas del día -escribe el teólogo- hay un peligro que llama menos la atención pero que debe tenerse absolutamente en cuenta hoy. Este peligro para la Iglesia es el de convertirse en una secta; es el peligro de una ortodoxia tradicionalista y de una mentalidad sectaria propia de una Iglesia replegada sobre sí misma."
Desde la edad antigua, la religión constituía el patrimonio nacional de los pueblos y se identificaba con sus tradiciones, costumbres familiares y cultura. A menudo, más que una convicción personal era un vehículo de relación con el pasado y con su pueblo. Frente a esta actitud, los cristianos defendieron la neta separación entre el poder político y la convicción religiosa y su organización eclesial; exigieron la protección de sus derechos como personas y la libertad de conciencia.
"El poder estatal, antes al servicio del paganismo, está ahora al servicio del cristianismo. Pero siguen funcionando las mismas estructuras mentales. -Podía ser de otra manera? Era inconcebible la separación entre la religión y el estado. La religión seguía siendo el fundamento y el cimiento de la sociedad. Sólo la religión había cambiado". (J. Comby)
Cuando el obispo de Avila, Prisciliano, fue acusado como hereje por dos obispos españoles ante el emperador Máximo; Martín, obispo de Tours, reaccionó duramente: "Sería, una novedad inaudita y monstruosa hacer que un juez secular juzgara un asunto eclesiástico". Sin embargo, el emperador condenó a Prisciliano a muerte con muchos de sus partidarios bajo la acusación de inmoralidad y de magia (año 385). Inmediatamente Ambrosio, obispo de Milán, rompió las relaciones con los obispos acusadores...Pero en otra compleja circunstancia, Agustín, obispo de Hipona, que en un primer tiempo consideraba "que nadie debía ser obligado... para no convertir en católicos fingidos a los que conocíamos como herejes declarados", llegó luego a aceptar la colaboración de las autoridades imperiales para luchar contra los disidentes donatistas que practicaban a menudo la violencia armada.
En el siglo XI, una nueva fuerza musulmana, los turcos llegados de las estepas del Asia central, amenazan el equilibrio oriental y especialmente a Constantinopla después de la derrota bizantina de Manzikert en el año 1071. Las peregrinaciones a la Tierra santa corren el riesgo de ser más difíciles. El emperador griego solicita ayuda. En el año 1095, el papa Urbano II pide a los caballeros de Occidente que acudan a socorrer a los cristianos de Oriente y a reconquistar los santos lugares.
No hay que imaginar a la cristiandad como una sociedad sin discrepancias, en la que sería permanente la unanimidad. La Europa medieval no es un mundo cerrado, las doctrinas circulan, algunas de ellas anteriores y extrañas al cristianismo. En el interior de la sociedad cristiana surgieron también auténticos contestatarios y disidentes. La confusión entre poder civil y religioso hizo que la intolerancia y la violencia llegaran a límites insospechados. Se empezaron a oír voces que reclamaron por la libertad religiosa y de pensamiento. Un caso típico de violencia de la Inquisición fue la muerte del monje Girólamo Savonarola (a quien la Iglesia quiere reivindicar). Excomulgado por el papa, procesado 3 veces y torturado, fue colgado y quemado el 23 de mayo de 1498 en Florencia. Savonarola no fue un hereje ni quiso rechazar al papa o dividir a la Iglesia sino renovarla con el testimonio personal y una predicación profética y molesta.
Hay que evocar en primer lugar el caso de los judíos cuyas comunidades están diseminadas desde España hasta Renania. Desde los orígenes de la iglesia, las polémicas antijudías fueron numerosas. Mal tolerados en España, en donde se les obliga a convertirse después de la reconquista del país a los musulmanes, son mejor aceptados en otros lugares (por ej. en Roma). Pero el ambiente se enturbia con la predicación de la cruzada.
Habrá que llegar al documento "Nostra aetate" del Concilio Vaticano II para que la Iglesia afirme oficialmente que no existe una base válida para la acusación de culpa colectiva a los judíos por la responsabilidad de la muerte de Jesús ni para la consecuente teología de los sufrimientos de los judíos como castigo de Dios.
Anteriormente, el 16 de junio de 1960, el papa Juan XXIII se encontró con el judío francés J. Isaac, autor de "Jesús e Israel". En este memorable encuentro el escritor le sugirió al papa 10 propuestas para superar el antisemitismo cristiano. El Concilio hizo suyas la casi totalidad de esas propuestas y afirmó que "los judíos como pueblo son muy queridos por parte de Dios, siendo que las promesas y el llamado de Dios son irrevocables y sin arrepentimiento". Hace 10 años otro histórico paso se dio con la visita de Juan Pablo II a la Sinagoga de Roma. Allí el Papa afirmó que "con nuestros hermanos judíos tenemos afinidades muy especiales, que no tenemos con ninguna otra religión; ellos son nuestros hermanos mayores". El largo y doloroso proceso del antisemitismo cristiano fue bien sintetizado por el mismo Papa el año pasado con ese grito lanzado en el Vía Crucis del Coliseo: "Perdónanos Señor por haber rechazado a tu pueblo y haberlo escarnecido".
En el Concilio Vaticano II el documento sobre Libertad Religiosa ("Dignitatis humanae"), largamente discutido, fue en definitiva el que causó el único cisma en la Iglesia moderna: el de mons. Marcel Lefebre. Este documento fue por otra parte el que abrió definitivamente la Iglesia Católica al ecumenismo y al diálogo interreligioso. Mientras en un primer momento los padres conciliares hablaban de "tolerancia", en un segundo momento optaron por el término "libertad religiosa". Cuando ésta es vista como exigencia de la dignidad de la persona humana y de su recta conciencia, no es un mal para "tolerar" sino un bien positivo para custodiar y promover. Según el Concilio el derecho a la libertad religiosa tiene que ver, no con el contenido de la religión sino con los derechos de la persona. No es que se le reconozca algún derecho al error en sí, sino a la persona humana aún cuando se equivoque. El Estado democrático y laico (no laicista ni ateo) aunque no representa a los ciudadanos en el campo religioso, tiene que garantizar su plena libertad y tutelar los derechos ya sea de las mayorías religiosas como de las minorías. Ya en tiempos de la persecución del imperio contra la Iglesia, Tertuliano exigía libertad y tolerancia para los cristianos. Recientemente ha llamado la atención que el Papa se mostrara favorable a la edificación de una mezquita en Roma. Sólo si se respeta el principio de la libertad religiosa se puede exigir reciprocidad a los países árabes más integristas.
La palabra "fundamentalismo" se debe a un manifiesto de 1895 en Estados Unidos donde se fijan 5 puntos "fundamentales" de la fe: total inspiración y verdad de la Biblia en todas sus palabras, divinidad de Cristo, su nacimiento virginal, su sacrificio expiatorio, su resurrección corporal y su próxima segunda venida a este mundo. El fundamentalismo religioso es hoy un movimiento en expansión en el mundo evangélico de Estados Unidos y América Latina.
Los fundamentalistas norteamericanos se declararon en un primer momento prescindentes de cualquier proyecto político, por considerar al mundo intrínsecamente malo y sin esperanza de renovación; sólo Cristo en persona al volver sobre la tierra pondrá las cosas en su lugar. En la práctica, se acercaron cada vez más, a partir de los años 70, a través del movimiento de la "Mayoría Moral", a la derecha conservadora.
En este movimiento tuvieron parte considerable los tele-evangélicos (Jerry Falwell, Pat Robertson, Jimmy Swaggart, etc.) que subrayaban el fundamento religioso del "sueño americano". Por su parte el Partido Republicano en tiempos de Reagan se apoyó en forma sistemática sobre el moralismo fundamentalista, como en el caso de la oración en las escuelas, el saludo a la bandera, la lucha contra el aborto, etc...
Los recientes avances del ala derecha del Partido republicano tanto en el senado como en la cámara de representantes, tuvieron como consecuencia la drástica reducción de ayuda a los países pobres, y el aumento de la represión a los inmigrantes. La "Christian Coalition" propuso el refortalecimiento militar. Estos cristianos fundamentalistas quieren imponer a la sociedad los principios básicos de la religión y piden para eso la reforma de la Constitución. Luchan contra la pornografía, la violencia en televisión, las relaciones prematrimoniales, el divorcio, la droga y piden orden y represión contra la violencia social, con pena de muerte. Quieren que las próximas elecciones presidenciales se jueguen sobre los "valores tradicionales" de Norteamérica: Dios, patria, hogar.
Los 5 pilares de la fe islámica son: la fe y sumisión (= islam) a Dios "clemente y misericordioso", la oración 5 veces por día, la limosna y la ayuda al prójimo, el ayuno del ramadán, la peregrinación anual. Estas prácticas son fuente de una auténtica experiencia espiritual (interior) hecha de obediencia a Dios, arrepentimiento y amor al prójimo. El código moral musulmán prohíbe la mentira, el robo, el asesinato, el adulterio, la idolatría, aún siendo complaciente con el divorcio y la poligamia. La hospitalidad es ley sagrada. Después de siglos de conflictos entre cristianos y musulmanes, el Concilio Vaticano II (en el documento "Nostra aetate") habló positivamente del Islam y escogió el camino del diálogo y el reencuentro.
La religión musulmana cuenta hoy con 950 millones de fieles y en Europa es la segunda numéricamente. El temido fundamentalismo islámico es una forma de integrismo causado en gran parte por las provocaciones del mundo occidental que los musulmanes consideran ateo, materialista y explotador del Tercer Mundo. En la década del 80, fuertes por el poder del petróleo, aparecen los primeros estados islámicos que ponen como fundamento de su sociedad la "Sharia" (= ley coránica): Irán, Paquistán, Sudán... Al mismo tiempo aparecen los movimientos fundamentalistas populares como los Hermanos Musulmanes en Egipto, el Frente Islámico de Salvación en Argelia, el Partido de Dios en el Líbano, etc...
El Cristianismo es visto como la religión de occidente y por lo tanto corresponsable de los males de occidente: colonialismo, capitalismo, secularismo, degeneración moral, etc.
Las guerras de religión y las luchas contra las herejías son las más crueles porque parten de que dicha confrontación es no solamente "justa" sino "santa" y responde a la "voluntad divina".
Sin embargo las distintas religiones y sus libros sagrados (desde la Biblia hasta el Corán) son depositarios del mejor mensaje de no violencia, humildad y amor al prójimo. La religión lleva en su interior impulsos que le permiten luchar eficazmente contra cualquier fundamentalismo. "La intolerancia es una enfermedad de la humanidad y la ignominia de las Iglesias", ha dicho Juan Pablo II en Varsovia el 9 de junio de 1991. La religión vive del reconocimiento de Dios como Misterio que nadie puede pretender poseer e imponer a los demás, aún creyendo firmemente en su propia iglesia. Dios es el solo Absoluto y la única Verdad completa. La palabra "fanatismo" está ligada justamente a un término religioso ("fanum" = templo, lugar sagrado) porque se da cuando uno quiere defender su verdad como si fuera la de Dios. La esencia de Dios es el bien, la bondad. Por eso la religión ha de servir al hombre; el sábado está para el hombre y no el hombre para el sábado. No hay oposición entre tolerancia y religión. Tampoco hay una dicotomía entre fe y religión.
La aceptación del pluralismo religioso y del diálogo entre iglesias y religiones sin proselitismos, constituye la auténtica revolución contemporánea. Dios ha estado y está presente en todas las religiones como en el Antiguo Testamento y ha suscitado y suscita en ellas profetas y místicos a través de su Espíritu. Es la universal voluntad salvífica de Dios que conduce lentamente y de muchas maneras los hombres hacia Cristo. Esto no le quita urgencia a la necesidad del anuncio cristiano y de la mediación de la Iglesia.
La Iglesia debe encarnarse en las distintas culturas. El pluralismo cultural en una Iglesia realmente "católica" se hace cada vez más imprescindible. Europa tendrá en el 2000 tan solo el 5% de la población mundial. "La Iglesia Católica será una Iglesia del Tercer Mundo con orígenes históricos en el occidente europeo" (J. B. Metz). Actualmente, el cristianismo constituye el 32% de la población mundial; el catolicismo el 18%, pero se calcula que poco después del 2000 descenderá al 9%. Debido al crecimiento demográfico de los países no cristianos, desde el Concilio Vaticano II el número de los que no han recibido el primer anuncio de Cristo se ha duplicado.
Hoy se siente la necesidad de profetas del diálogo como por ejemplo, lo fue el p. Bruno Hussar que por 20 años se dedicó a la educación en común de jóvenes cristianos, judíos y musulmanes en la Colina de la Paz de Jerusalén, soñando con un mundo distinto. Es impostergable un "ecumenismo del Reino" desde la perspectiva de la voluntad salvífica universal de Dios en Cristo, sabiendo descubrir y promover las semillas del Reino presentes en todas partes. "El camino ordinario de la salvación (por mayoritario) son las religiones no cristianas" escribía K. Rahner. Las religiones no cristianas no adoran a "otro Dios" sino al único Dios al que todos los pueblos buscan con las luces que tienen a su disposición y el impulso del Espíritu "que sopla donde quiere".
Actualmente se pueden descubrir signos positivos en el mundo y en la Iglesia, particularmente en América Latina. La Iglesia ha avanzado en espiritualidad: es una Iglesia que reza, que dialoga. Es una Iglesia servidora, que se reúne en pequeñas comunidades, que lee la Biblia y se abre a las distintas culturas. Es importante destacar la presencia de creyentes de distintas iglesias y religiones y no creyentes allí donde está la vida amenazada, donde se defienden los derechos del pobre, del indígena, del negro, de la mujer, del trabajador... El diálogo interreligioso e intercultural neutralizará el fundamentalismo religioso, avanzando en la superación de aquellos elementos doctrinales e institucionales que están en la base de los fanatismos y de las intolerancias.
Primo Corbelli