

Desde 1983, cuando llega el 19 de abril se celebra en Argentina la Semana de los Pueblos Aborígenes. En estos quince años, la Semana ha servido para que muchos se vayan informando y tomen conciencia de la realidad indígena. Y también ha sido útil para que los pueblos indios puedan hacer oír su palabra. Y así, entre blancos y aborígenes se viene avanzando de a poco en el respeto y la convivencia.
Esto es asunto de todos los días del año. Pero se hace más intenso en la semana de abril que va del 19 al 25. Esta celebración de los pueblos aborígenes va cumpliendo años junto con la democracia. Pareciera que el estado de derecho, como lluvia buena, ayudó al nacimiento de nuevos brotes en el tronco viejo de las etnias antiguas.
Entre 1983 y 1993, se sancionaron la Ley Nacional del Aborigen y las leyes provinciales de Formosa, Chaco, Salta, Río Negro, Misiones y Santa Fe. No todas reflejan totalmente el pensamiento indígena, pero son avances. Los pueblos antiguos se tomaron la democracia en serio. 'Las leyes son las varillas de un techo que nos cobija', dicen. Y añaden: '... pero el horcón grande que sostiene todo es la Constitución Nacional'.
La constitución de 1853 no se preocupaba mucho de los indios. Decía que había que convertirlos al catolicismo y mantenerlos en paz. En 1986, cuando se intentó reformar la Constitución, los aborígenes vieron la ocasión histórica para entrar en la Ley Suprema de una manera más digna. El tema comenzó a tratarse en todas las comunidades. La Semana del Aborigen de 1990 tuvo un lema: 'Garantizar los Derechos Indígenas en la Reforma de la Constitución'.
Allí se reconoce la preexistencia de los pueblos aborígenes, se ordena respetar su cultura, se sostiene su derecho a la tierra y se asegura su participación en todos los temas que les afectan. Desde la derrota, el desprecio y el olvido, los pueblos aborígenes habían subido hasta la más alta cima de las instituciones del país. ¿Cuánto trabajo de hormiga fue necesario para semejante victoria?
| LOS ABORÍGENES EN ARGENTINA | |
|---|---|
| TOBA: CHACO, FORMOSA, SALTA, SANTA FE, BUENOS AIRES | |
| PILAGÁ: FORMOSA | |
| MOCOVÍ: SANTA FE, CHACO | |
| WICHÍ: CHACO, SALTA, FORMOSA | |
| CHOROTE: SALTA | |
| CHULUPÍ: SALTA | |
| GUARANÍ: MISIONES | |
| CHIRIGUANO: SALTA, JUJUY | |
| CHANÉ: SALTA | |
| MAPUCHE: NEUQUÉN, RÍO NEGRO, LA PAMPA, CHUBUT, B. AIRES | |
| TEHUELCHE: CHUBUT, SANTA CRUZ, TIERRA DEL FUEGO | |
| DIAGUITA: CATAMARCA, TUCUMÁN, SANTIAGO DEL ESTERO, LA RIOJA | |
| KOLLA: JUJUY, SALTA |
En el coloquio internacional 'Pueblos Indígenas y Estado en América Latina', realizado en Quito (Ecuador) del 8 al 10 de julio de 1997, Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la Paz), presentó la siguiente ponencia:
En nuestra América, los Estados se han conformado en base a criterios de la cultura occidental. Esto no es negativo en sí mismo. Sí lo es el hecho de no tomar en cuenta las experiencias organizativas propias de las comunidades indígenas, su forma de organización social y política; obstaculizar e impedir que sean los indígenas quienes decidan la manera de organizarse política y socialmente en atención a sus necesidades e intereses. De ahí que se diera lugar no sólo a Estados excluyentes, sino también a sociedades en las que la cultura dominante continúa marginando a los indígenas y a todas aquellas expresiones que intentan democratizar la vida económica, política, social y cultural de los países americanos.
Para los dirigentes políticos ha sido más importante y se han preocupado por la constitución de sociedades internamente integradas. Esto no quiere decir que deba tenderse a la igualdad, dinámica destructora que los pueblos indígenas americanos conocemos muy bien, por medio de campañas de aculturación o asimilación. Las relaciones pueblos indígenas-Estado en América Latina han sido relaciones que gravitan en torno a la exclusión y marginación de los indígenas. Esto se explica fácilmente porque desde el Estado se ha dirigido el sometimiento, la explotación y la opresión de nuestros pueblos.
Considerar inferiores a las culturas indígenas ha dado motivo a imponer la idea de la integración cultural mediante el mestizaje y la asimilación forzada como una condición para el desarrollo. Esto quiere decir que se han atribuido a los pueblos indígenas las causas del subdesarrollo, cuando lo que ha ocurrido es que las condiciones de pobreza y extrema pobreza que enfrentamos se deben a la exclusión, marginación, discriminación y explotación a que somos sometidos. No se quiere ver y entender que una de las principales claves para lograr el desarrollo integral en nuestros países, está en posibilitar que los pueblos indígenas, los pobres, los marginados, podamos aportar nuestra inteligencia, nuestra fuerza creadora, nuestra identidad y nuestra dignidad para producir la riqueza común, el bienestar para todos, y no sólo la opulencia de unos pocos.
En América Latina es difícil hablar de pluralidad y tolerancia. Todo lo contrario, la exclusión y la intolerancia han sido y siguen siendo rasgos distintivos de estas sociedades. Se excluye a los pueblos indígenas porque tenemos cultura, porque tenemos costumbres y tradiciones que se califican de primitivas y porque son diferentes a la cultura dominante: la occidental. Esa mentalidad discriminadora y racista, que resulta absurda y aberrante cuando estamos en el amanecer de un nuevo milenio, es una de las verdaderas y principales causas del subdesarrollo.
Esta nueva forma de relación entre culturas debe sustentarse en el reconocimiento y respeto de los derechos de todos los pueblos; en el reconocimiento de la multiculturalidad mundial y nacional, de tal manera que contribuya a la construcción de naciones pluriétnicas, multiculturales y plurilingŸes. Estas relaciones interculturales pueden contribuir a la convivencia pacífica entre pueblos y culturas con igualdad y justicia, constituyendo al mismo tiempo el aporte de cada nación a la paz, la cooperación y la solidaridad que deben regir las relaciones entre los Estados.
Las relaciones interculturales también implican comprender que la complementación entre las distintas culturas puede generar el enriquecimiento continuo de la propia cultura y el enriquecimiento espiritual y material de los pueblos... Las relaciones interculturales deben ser justas, democráticas, igualitarias, de cooperación y solidaridad. Deben basarse en la igualdad de derechos y ser el sustento de la unidad nacional. La interculturalidad debe también permitirnos crear nuevos mecanismos, nuevas formas e instrumentos de relación pueblos indígenas-Estados, cimentada en el diálogo y la consulta permanente, que sean el resultado de un proceso de refundación de los Estados para convertirlos en profundamente democráticos, incluyentes y tolerantes. Por ello hemos luchado los pueblos indígenas y seguiremos haciéndolo con humildad, firmeza y decisión, con el convencimiento que esto es necesario para el futuro de la humanidad.
Nos esforzamos por hacer realidad la educación intercultural, fundamental en las relaciones interculturales. Esta educación no se reduce a la educación institucional formal, debe entenderse como ese mundo de relaciones cotidianas, de experiencias de vida diaria, de intercambio e interacción permanente. Nace y se nutre en los complejos tejidos sociales que moldean y dan forma a las sociedades. La educación intercultural debe estar reflejada y ser el sustento de la educación oficial e institucional.
Nos empeñamos también en fomentar y hacer realidad el intercambio de ciencia y tecnología entre las distintas culturas y pueblos, entre indígenas y no indígenas, tomando en cuenta que debe haber una apropiación equitativa que promueva el desarrollo sostenible.
Igualmente lucharemos por la paz, contribuyendo a tejer los hilos de la igualdad, la justicia y la democracia participativa que hagan posibles la convivencia armónica y pacífica en el marco de la pluralidad cultural.
Para ello haremos de la 'proposición' el mecanismo fundamental de nuestra participación en tanto sujetos sociales y agentes de cambio. Debemos pasar de la denuncia y la etapa contestataria, a la etapa de la proposición. Los pueblos indígenas no podemos esperar que la solución a nuestra problemática histórica provenga de propuestas ajenas. La proposición, como mecanismo fundamental de nuestra participación, nos permitirá ir remontando la grave situación en la que vivimos y nos desenvolvemos.
Rigoberta Menchú Tum
Premio Nobel de la Paz
(fuente: 'Misión sin fronteras' n. 189)