
Según mons. Giaquinta, obispo de Resistencia, autor del libro, se trata más de un asunto catequístico que de un problema económico y atañe a todos los sectores de la Iglesia; no se trata simplemente de administrar con transparencia el dinero de los fieles sino de que todos se sientan corresponsables de la obra evangelizadora de la Iglesia sin dependencias o vínculos ambiguos.
Varios obispos, en otro orden de cosas, se han manifestado también en contra de la progresiva precariedad del trabajo, pidiendo que se fortalezca la estabilidad del empleo y se asegure la protección social de los trabajadores contra todo tipo de 'contrato salvaje'.
Hubo reuniones de la CGT con el presidente del episcopado, mons. Estanislao Karlic y con el Equipo de Pastoral Social en búsqueda de respuestas a la inestabilidad laboral, al trabajo en negro, a la falta de proyección social y a la desocupación. En la bolsa de trabajo de la iglesia de San Cayetano, en Liniers, en menos de dos años, 15.000 desocupados recurrieron al santuario en busca de ayuda; alrededor de mil personas se anotan cada mes, de las que unas 180 consiguen trabajo. 'Hace 28 años cuando se fundó la bolsa, se anotaban 80 personas y en dos o tres días encontraban trabajo', recuerda Nelson González, director General del Servicio Social.
El mismo vicepresidente de la República, Carlos Ruckauf, admitió recientemente que 'la distribución del ingreso en la Argentina es una tarea pendiente', que el país 'no crece igual para todos y se debe lograr una mayor justicia social; hay sectores del poder económico que no quieren largar un peso', admitió 'y una clase política demasiado distraída en otras cosas'. Los obispos están preocupados por el creciente caudillismo que se va dando en el ámbito nacional y provincial. La Iglesia busca concentrar la atención sobre los grandes temas del país como la corrupción, la impunidad y en el campo laboral que haya un acuerdo social estable alrededor de la reforma laboral que no perjudique a los trabajadores o termine politizándose.