
Según los obispos, 'la solidaridad del pueblo argentino permite comprobar que existen en el país importantes reservas morales'. Pero también hace falta que la dirigencia del país 'revise su responsabilidad en la improvisación, ya histórica, frente a los efectos de estas emergencias' y sobre todo que 'no se utilice el sufrimiento de la gente ni el socorro que se presta, para fines personales, sectoriales o políticos'.
El llamado de los obispos apunta a que entre todos se concrete un 'operativo' que permita a los damnificados 'rehacer su vida familiar y social' y que se estudien 'obras de infraestructura para prevenir y aminorar efectos tan tremendos cuando se producen estas catástrofes climáticas'. Finalmente, los obispos reforzaron su convocatoria a la solidaridad organizando una campaña de recaudación de fondos a través de Cáritas no sólo para atender la emergencia sino para atender las secuelas de la catástrofe una vez que las inundaciones cesen.
La respuesta popular a través de Cáritas, San Cayetano, Cruz Roja y otras organizaciones tanto gubernamentales como no gubernamentales, ha sido excepcional a pesar de las dificultades en la distribución.
Han sido muchas las voces que han cuestionado, más allá de los efectos circunstanciales de la corriente de El Niño, la falta de previsión de los gobiernos ya que desde hace cuatro décadas han cambiado las condiciones naturales de la Cuenca del Plata.
Por su parte, mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo de Resistencia, capital de una de las provincias más afectadas por las inundaciones, presentó a los medios de prensa y a la reflexión de las comunidades, algunos criterios de acción frente a las inundaciones. El arzobispo chaqueño recuerda que el gobierno municipal, provincial y nacional son los 'que más responsabilidades sociales tienen en la presente emergencia', pero también recuerda que todos los dirigentes 'tenemos especiales obligaciones y hemos de hacernos presentes para enfrentar la situación con todo lo que somos y tenemos'. La extensa reflexión de mons. Giaquinta se fundamenta en el principio que 'la solidaridad es, no sólo una reacción momentánea ante la presente catástrofe, sino una actitud permanente a tener ante el prójimo y la sociedad'.
Además de 'agradecer de corazón el gesto de tantos argentinos que han acudido inmediatamente con sus bienes y con su afecto' a socorrer a los inundados, el arzobispo recuerda el deber de la participación y del servicio honesto y disciplinado de los voluntarios. Pero también advierte a los inundados contra toda forma de aprovechamiento y se augura que 'la llamada 'industria' de la inundación' no se vuelva una realidad que entristezca más la situación. 'Querido hermano inundado -dice Giaquinta- si no necesitas o puedes abastecerte, o solucionar tus problemas con tu ingenio y dinero, es digno que lo hagas. Que la inundación te llegue a la rodilla, a la cintura, al cuello, pero no castre tu dignidad humana y tu capacidad de lucha.'