
El viernes 24 entregó el documento y al día siguiente, en una cena íntima con su familia le manifestó a los más cercanos su profunda satisfacción por la tarea cumplida. Era, sin duda, la culminación de una vida dedicada al servicio de los pobres, de los indígenas y a la defensa de los derechos humanos. El domingo 26 por la noche lo mataron a golpes en la cabeza. 'Tememos que este asesinato pueda estar vinculado a la entrega de los resultados obtenidos por el Proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica, el cual investigó las masacres y asesinatos cometidos contra el pueblo de Guatemala durante los años del conflicto armado interno, y que también puso en evidencia responsabilidades institucionales implicadas en el conflicto', afirma una declaración de la Conferencia de los obispos católicos de Guatemala a propósito del asesinato.
El documento conocido popularmente como 'Guatemala: nunca más', es un trabajo que tuvo por finalidad 'recuperar la memoria de nuestros muertos y nuestra historia' y 'ganar la paz interna para enfrentar nuestro presente y darle sentido al futuro'. Tanto el diseño de la investigación como el impulso para la tarea tuvieron en Juan Gerardi a un pilar fundamental. En las bases del proyecto se puede leer que 'haber sufrido la muerte o la desaparición de un ser querido, y no saber de él, causa un dolor grande que al mismo tiempo daña nuestra dignidad como seres humanos'.
El informe coordinado por Gerardi llega a la conclusión de que el 80% de los 150 mil asesinatos y 50 mil desapariciones ocurridas en Guatemala desde 1961 hasta el 23 abril de 1995 -fecha en que se firmaron los acuerdos de paz-, son atribuibles al Ejército y a las llamadas 'Patrullas civiles de autodefensa', de ultraderecha. El 9% de las muertes son adjudicadas por el mismo informe a los grupos guerrilleros de izquierda.
Gerardi era un hombre de temple. Como sacerdote y como obispo afrontó situaciones de extremo riesgo. Fue uno de los pocos obispos católicos en el mundo contemporáneo que, en ejercicio de la función pastoral, tuvo que abandonar su país rumbo al exilio. Dos veces sufrió atentados contra su vida. Nunca abandonó su reflexión serena, la sonrisa a flor de los labios y la firmeza en las convicciones.
'Mientras no desterremos la legitimación de la violencia por una causa, cualquiera que ésta sea, persiste el peligro de que la historia se repita' dijo en 1995, cuando apenas comenzaba su labor de investigación y esclarecimiento. En la misma ocasión sostuvo que 'la verdad es amarga, pero sin verdad no habrá reconciliación. Todo se complica cuando no se castiga a los responsables, aún cuando se conocen los hechos al detalle'.
Para realizar el informe, la Iglesia Católica, bajo la coordinación de Gerardi, movilizó 600 animadores, que fueron seleccionados especialmente para esta tarea. Estos agentes recogieron unos 6.500 testimonios referidos a 37 mil hechos de violencia que afectaron a 55 mil víctimas. El período más sangriento se produjo entre 1980 y 1983, etapa en la que murieron 43 mil personas.
El informe presentado por Gerardi dos días antes de su asesinato señala que 200 mil niños y niñas quedaron huérfanos y otros 86 mil pueden ser considerados víctimas indirectas de los mismos hechos denunciados. Los números del horror en Guatemala alcanzan a 50 mil desaparecidos, 40 mil mujeres viudas y una cifra estimada en un millón de refugiados. El documento señala que la violencia en el país centroamericano produjo un total de víctimas de aproximadamente 1.440.000 personas, sobre una población de 10 millones de personas (61% de indígenas). Gerardi no sólo estuvo a cargo de la investigación sobre la violencia en su país, sino que él mismo fue víctima de los hechos, hasta el punto de pagar con su propia vida la búsqueda de la verdad.
Nació en la capital guatemalteca en 1922 y fue ordenado como sacerdote cuando tenía 23 años. A los 44 fue designado obispo de las Verapaces, donde estuvo 7 años; en 1974 es nombrado obispo de Santa Cruz del Quiché, en plena zona indígena guatemalteca y uno de los mayores centros de la violencia política. Entre 1980 y 1983, doce sacerdotes fueron asesinados en Guatemala. La situación de Gerardi se complicó sumamente. En 1980 un grupo de catequistas de la diócesis de Quiché, lograron alertar al obispo de un atentado que se preparaba contra su vida en el mismo lugar donde debía celebrar una misa. Por entonces el Ejército lo acusaba de complicidad con la guerrilla y era frecuentemente citado a prestar declaraciones ante las autoridades militares.
'Mucho me temo que combatiendo la guerrilla los militares van a quedar fuera de la ley', dijo Gerardi en ese tiempo. Y advirtió a los propios militares: 'atacando tanto a la población civil lo que ustedes están haciendo es incrementar la guerrilla'. El 20 de julio de 1980, a pedido de Juan Pablo II que temía por su vida, Gerardi salió de Guatemala rumbo a Roma. Allí le solicitó al Papa que le permitiera volver a su país. Cuando lo intentó se descubrió que se había montado una emboscada para asesinarlo en las proximidades del aeropuerto La Aurora, de la ciudad de Guatemala. El regreso no pudo concretarse y se exilió en Costa Rica hasta 1984, desde donde siguió trabajando por los derechos humanos en su país.
Desde el mismo momento en que regresó a Guatemala se encargó junto a otro obispo, Rodolfo Quezada, de encabezar las negociaciones de paz y, sobre todo, de acompañar a las víctimas de la violencia. Su última misión fue producir el informe que reúne la documentación sobre el horror guatemalteco de las tres últimas décadas.
Frente al asesinato de Gerardi, el arzobispo de Guatemala, Próspero Penados, afirmó que 'la muerte de mons. Gerardi se constituye en el tiro de gracia para la paz'. Y los 23 obispos de la Conferencia Episcopal guatemalteca, tras señalar que el asesinato se inscribe en 'el clima de violencia que ha vivido nuestro país por tantos años', denuncian que 'el recurso fácil de verter sangre para proteger intereses personales o de sector, la impunidad que no permite llegar a esclarecer los crímenes y el silencio para pretender olvidar, siguen impidiendo que nos configuremos como comunidad nacional, donde nos respetamos como seres humanos'. Y terminan diciendo que 'la historia de Guatemala está escrita con la sangre de tantos que la han derramado. Hoy, uno de los pastores de la Iglesia de Guatemala corona su misión con la ofrenda de su vida por haber buscado la verdad, la justicia y la paz'.
Washington Uranga
El martes 6 será el 'día de la Acogida', el miércoles 7 'el día de las Buenas Noticias', el jueves 8 'el día de la Solidaridad' con una colecta para áfrica y el viernes 9 'el día del Reino'. Se calcula la presencia de medio millón de jóvenes de todas las Américas, a los que se buscará alojar en 150.000 hogares además de capillas y escuelas. Contemporáneamente, del 3 al 11 de octubre se realizará en Punta de Tralca (Chile) el 2do Congreso Latinoamericano de Jóvenes (el primero fue en Cochabamba, Bolivia, en 1992) para 800 delegados de los distintos países entre jóvenes, asesores y obispos.