EDITORIAL
Cumpleaños Ecuménico
Al aproximarse la celebración de la 8ª Asamblea del Consejo Mundial de las Iglesias en Harare (Zimbabwe) y al celebrar los 50 años de este organismo, la redacción de Umbrales ha querido dar un corte ecuménico a su 8º Seminario.
Las diferentes iglesias se han comprometido en la labor ecuménica. Especialmente diversas acciones se han llevado adelante conjuntamente a favor de los más pobres y desamparados.
En el proceso de solidaridad con los más pobres, con los excluidos de la sociedad, muchos cristianos han dado su vida, algunos asesinados por los regímenes de una violencia que imperaron en la región. Aún hoy, países, regiones o zonas, siguen sumidas en la ley del más fuerte, en el reino de la violencia y el miedo, en la pobreza extrema, el narcotráfico, el menosprecio por la vida. La fe ha sostenido las Iglesias cristianas en su espíritu profético y en el martirio.
Hemos emprendido desde nuestras comunidades cristianas un camino de diálogo, de reconciliación y de esperanza; sin embargo la reconciliación cristiana no es un simple olvido de las ofensas, sino que pasa por el reconocimiento de las culpas y la reparación del mal realizado. El siglo que termina y el próximo que se acerca se encuentran signados por procesos paradójicamente antagónicos. Por un lado la globalización de la economía y las comunicaciones y por otro lado, la exclusión de millones de seres humanos de las condiciones mínimas para llevar adelante una vida digna. En este cambio de época las instituciones de la Modernidad viven una profunda transformación. El Estado, los partidos políticos, los sindicatos y también las Iglesias. Algunos pretenden un retorno a la Cristiandad como refugio de los embates de un modelo cultural que relativiza el peso de las instituciones eclesiales. Sin embargo, en fidelidad al Espíritu que habla a las iglesias, necesitamos reavivar la labor ecuménica como camino para responder a los desafíos que hoy enfrentamos y los que se aproximan.
El 8º Seminario de Umbrales, proponiendo un espacio de comunicación y de encuentro ecuménico, ha sido un signo, una parábola, que nos reconforta y nos alegra. Los testimonios de algunos cristianos enfrentando los múltiples retos de la pobreza en barrios o en el área rural; cristianos enfrentando las diversas violaciones a los derechos humanos, en las cárceles, hacia los niños de la calle o los migrantes, son signos de esperanza que deben alentarnos a no desfallecer en nuestra lucha. Cristianos de diferentes confesiones, laicos, religiosos y pastores, han dado su visión sobre lo que el Espíritu dice a las iglesias en los umbrales del Tercer Milenio. Que ese mismo Espíritu, nos ayude a testimoniar a una Iglesia servidora, reflejo del amor del Padre por todos sus hijos.
Quinto Regazzoni