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Tema Central


ECUMENISMO:

BUSCAR A DIOS CON LA ALEGRIA DE LA ESPERANZA

Cincuenta Aniversario y Octava Asamblea del CMI

Fundado en Amsterdam el 23 de agosto de 1948 por representantes de 147 iglesias, el Consejo Mundial de Iglesias celebra este año su cincuentenario. Los delegados de las iglesias miembros conmemorarán ese Jubileo en diciembre con ocasión de la Octava Asamblea del CMI que tendrá lugar en Harare (Zimbabwe); pero ¿qué acontecimientos han conformado la vida del Consejo en esos primeros cincuenta años?

1. ¿Por qué se formó el CMI?

La Constitución del CMI describe al Consejo como "comunidad de Iglesias". A lo largo de los siglos, la existencia de estas iglesias divididas suscitó situaciones de desconfianza y tensión que a veces desembocaron en violentos conflictos. La mayor parte de esos años, las iglesias han seguido su propio camino, ignorándose unas a otras.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se llegó a la convicción de que esta desunión contradecía la histórica afirmación cristiana de que la Iglesia es Una, e iba en detrimento de la credibilidad del testimonio cristiano en un mundo dividido.

El Consejo Mundial de Iglesias se formó para exhortar a las iglesias a hacer visible en el mundo la unidad por la que Jesús oró (Juan 17,21).

El CMI no es una "superiglesia". No tiene autoridad alguna sobre sus iglesias miembros. Antes bien, les brinda un espacio para el diálogo a fin de apoyarse unas a otras en tiempos difíciles y de unir fuerzas para abordar preocupaciones comunes, avanzando así juntas hacia la unidad.

Las líneas generales del programa del CMI se fijan en las asambleas de delegados de todas las iglesias miembros, que se reúnen cada siete años. Cabe destacar el aumento del número de iglesias representadas en cada asamblea, actualmente 330, pero lo verdaderamente significativo es la creciente diversidad de esas iglesias miembros. En 1948, las dos terceras partes de esas iglesias se ubicaban en Europa y América del Norte; hoy los dos tercios proceden de Africa, Asia y América Latina.

2. Diversidad

Símbolo de esa diversidad creciente fue la Tercera Asamblea de Nueva Delhi en 1961:

El Consejo aprobó la solicitud de membresía de cuatro iglesias ortodoxas de Europa del Este, incluida la Iglesia Ortodoxa Rusa (mayor iglesia miembro en la actualidad). En esa época, algunas iglesias ortodoxas ya formaban parte del CMI; fue el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla el que formuló, en 1920, la primera propuesta oficial de formar un órgano como el CMI. La decisión de esas iglesias ortodoxas de unirse al CMI vino a reforzar la voluntad del Consejo de ser más que una comunidad protestante y de superar las divisiones políticas originadas por la Guerra Fría.

Otro ejemplo de esa creciente diversidad fue la admisión en Nueva Delhi de un gran número de iglesias del Sur. La presencia cada vez mayor de iglesias de regiones del mundo en las que el cristianismo está experimentando un auge particularmente importante, ha repercutido inevitablemente en el programa del CMI.

Aunque la iglesia más grande del mundo, la Iglesia Católica, se mantuvo a distancia del CMI en los primeros años, el Concilio Vaticano II (1962-1965) significó un claro compromiso de avanzar hacia la unidad con "los hermanos (y las hermanas) separados".

En los años posteriores a la Asamblea de Uppsala (1968), muchos esperaban que la Iglesia Católica fuera miembro del CMI, cuestión que suscitó extensos debates y nunca llegó a concretarse. Sin embargo, el CMI y la Iglesia Católica colaboran hoy en muchos ámbitos, en particular mediante la participación oficial de la Iglesia Católica en la Comisión de Fe y Constitución.

La mayor parte de las iglesias fundadoras del Consejo procedían de las principales tradiciones históricas de la reforma protestante, en particular, anglicana, luterana, metodista y reformada. Pero, con el paso de los años, otras iglesias de nuevas tradiciones cristianas se han unido al Consejo. Entre las iglesias que pasaron a ser miembros en Nueva Delhi, cabe mencionar dos iglesias pentecostales de Chile. Por lo que respecta a las iglesias independientes de Africa, la primera en ser admitida como miembro fue la Iglesia Kimbanguista de la República Democrática del Congo en 1969, que cuenta con cinco millones de miembros.

3. Mantener viva la visión de los comienzos

El Consejo se ha esforzado por mantener vivos los objetivos de tres movimientos anteriores creados para promover la unidad de la iglesia, que se centraban en: 1) superar las divisiones en la labor misionera de las iglesias (Misión); 2) examinar las diferencias doctrinales (Fe y Constitución) y 3) trabajar juntas en pro de una sociedad justas y pacífica (Vida y Acción).

Gran parte de ese dinamismo de los primeros tiempos se originó en encuentros informales de jóvenes y estudiantes que con fervor abogaron por derribar las antiguas barreras, y con frecuencia fueron un estímulo para los dirigentes de las iglesias, que tendían a mostrarse más prudentes.

Las principales reuniones mundiales sobre esos tres ámbitos han sido hitos de los primeros 50 años del CMI:

a) Misión

Las conferencias misioneras de México (1963), Bangkok (1973), Melbourne (1980), San Antonio (1989) y Salvador de Bahía (1996), exhortaron a las iglesias a dejar atrás la idea de la misión concebida como un movimiento en un solo sentido, de los países "cristianos" a los países "no cristianos", a asumir el desafío de vivir en comunidad con personas de otras religiones, a acompañar su proclamación del Evangelio con un compromiso en favor de las luchas de las comunidades contra la opresión, la pobreza y el hambre, y a reconocer y afirmar las diferencias en la forma en que los cristianos expresan y viven el Evangelio en las diferentes culturas.

b) Fe y Constitución

La obra más conocida de Fe y Constitución es el texto de 1982 sobre "Bautismo, Eucaristía y Ministerio". Fruto de numerosos años de debate, el texto deja constancia del creciente entendimiento común de esos tres aspectos centrales y a menudo controvertidos de la fe cristiana.

c) Vida y acción

La Reunión Mundial sobre Iglesia y Sociedad del Consejo Mundial de Iglesias, celebrada en Ginebra, en 1966, fue un importante hito en la historia de Vida y Acción. Gran parte de su programa fue retomado por la Cuarta Asamblea del CMI en Uppsala (1968), que respondió al clima revolucionario de los años 60 mediante compromisos concretos -a veces controvertidos- con cuestiones sociales, económicas y políticas y dio la tónica a la labor del Consejo durante los decenios subsiguientes.

De todos esos compromisos en el marco del desarrollo, la educación, la atención de salud, los derechos humanos, la lucha de las mujeres, el desarme y la paz- no cabe duda de que el Programa de Lucha contra el Racismo (PLR) fue el que más movilizó a la opinión pública.

Cuestiones controvertidas

a) El racismo

El PLR centró su atención en el racismo institucionalizado en Africa Meridional y fue objeto de vivas controversias cuando hizo donaciones simbólicas a movimientos de liberación -en particular, el Frente Patriótico en Zimbabwe, la SWAPO en Namibia y el Congreso Nacional Africano en Sudáfrica- que participaban activamente en la lucha armada contra los regímenes dominados por una minoría blanca.

Estas controversias fueron causa a menudo de la pérdida de credibilidad que este compromiso había permitido ganar al Consejo y a sus iglesias miembros entre los pueblos oprimidos en muchas regiones del mundo.

b) Las mujeres

La lucha contra el racismo se centraba en cuestiones de justicia y derechos humanos y al mismo tiempo formaba parte de una creciente toma de conciencia de la necesidad de que las iglesias fueran comunidades sin exclusiones.

El CMI dio expresión a esta preocupación insistiendo con firmeza en la importancia del papel de las mujeres en la iglesia y la sociedad (aunque la cuestión de su ordenación continúe siendo un motivo de división entre las iglesias miembros).

Antes de la Asamblea de Amsterdam en 1948, el CMI había encomendado un estudio internacional sobre la condición de las mujeres en las iglesias. Por lo que respeta al Decenio Ecuménico de Solidaridad de las Iglesias con las Mujeres, que comenzó en la pascua de 1988, culminará con un festival internacional, también en Harare, la víspera de la celebración de la Octava Asamblea del CMI.

c) Ayuda internacional

Desde sus comienzos, el Consejo ha insistido en aunar la búsqueda de la unidad de la iglesia y la búsqueda de la renovación de la humanidad. En su calidad de organización mundial siempre ha desempeñado un importante papel en los asuntos internacionales.

Incluso antes de su fundación oficial, contaba con una oficina en Ginebra: lugar central de encuentro que permitió que las iglesias separadas por la guerra, mantuvieran contactos y ayudaran a muchas personas a huir de la persecución nazi. Inmediatamente después de la guerra, el CMI coordinó la participación de las iglesias en el ámbito internacional, en el reasentamiento y la reconstrucción de Europa.

También desempeñó un importante papel en la coordinación de la ayuda entre las iglesias. Y cada año canalizó millones de dólares para ayudar a hacer frente a los desastres y apoyar los programas de desarrollo en todas las regiones del mundo.

d) La "guerra fría"

Gran parte de las controversias en torno al Consejo durante sus primeros cuatro decenios de vida estaban relacionadas con la Guerra Fría. Las críticas formuladas por la Asamblea de Amsterdam tanto al capitalismo como al comunismo, provocaron reacciones negativas.

La declaración del CMI, publicada en 1950 para apoyar la intervención de las Naciones Unidas en Corea indujo a las iglesias chinas a retirarse del Consejo, decisión que mantuvieron hasta 1991. Y la rivalidad entre las superpotencias solía estar subyacente en las críticas al CMI por su franco apoyo a las aspiraciones y los planes de los países que habían accedido recientemente a la independencia y de los que procedía un creciente número de sus iglesias miembros.

Mientras tanto, la participación cada vez mayor en el CMI de dirigentes de iglesias de los países socialistas de Europa del Este, dio lugar a acusaciones de que el Consejo no se preocupaba de la persecución de que eran objeto los cristianos de la iglesia clandestina de la Unión Soviética.

Muchos cuestionaban la política del CMI que consistía en mantener relaciones oficiales con las iglesias de los países comunistas cuyos dirigentes tenían cierta libertad para establecer contactos y viajar al extranjero. La postura pública del Consejo parecía sumamente crítica de occidente y silenciosa o formulando críticas veladas cuando se trataba de juzgar lo que ocurría en el Este.

Otros dirían que, a pesar de sus limitaciones, esta política dio a las iglesias oprimidas una apertura hacia el exterior que, en definitiva, ayudó a la caída de los regímenes totalitarios.

5. Futuro

El decenio de 1990 no trajo consigo el pacífico y próspero mundo que muchos soñaron en los primeros momentos de euforia tras la destrucción del muro de Berlín. Hoy cada vez son más los que piensan que la cuestión principal con la que el Consejo tendrá que debatirse al iniciar su segundo cincuentenario es la mundialización con todos sus peligros y promesas.

En pocas palabras, ¿qué puede aportar la visión de comunidad fraterna que ha inspirado al CMI en su búsqueda de la unidad durante los pasados 50 años a la cruda realidad de una comunidad mundial alentada por las potencias económicas, financieras y de información que dominan el mundo moderno? Este será uno de los principales puntos del orden del día de la Octava Asamblea del CMI en Harare a finales de este año. La forma en que las iglesias del mundo respondan, determinará ampliamente en qué medida el Consejo continuará teniendo una influencia decisiva en la intersección entre la fe y la vida.

Las Asambleas del CMI

Primera: 1948 - Amsterdam, Países Bajos: "El desorden humano y el designio de Dios".

Segunda: 1954 - Evanston, Estados Unidos: "Cristo, Esperanza del Mundo".

Tercera: 1961 - Nueva Delhi, India: "Jesucristo, Luz del Mundo".

Cuarta: 1968 - Uppsala, Suecia: "Hago nuevas todas las cosas".

Quinta: 1975 - Nairobi, Kenya: "Jesucristo libera y une".

Sexta: 1983 - Vancouver, Canadá: "Jesucristo, Vida del Mundo".

Séptima: 1991 - Camberra, Australia: "Ven Espíritu Santo, renueva toda la

Creación".

Octava: 1998 - Harare, Zimbabwe: "Buscad a Dios con la alegría de la

Esperanza".

6. Un tema que aporta esperanza

La convocación de la Octava Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias en Harare (Zimbabwe), tiene lugar en tiempos de crisis que interpelan a las iglesias, al Movimiento Ecuménico y al mundo, y constituyen, al mismo tiempo, una oportunidad.

El tema de esta Asamblea: "Buscad a Dios con la Alegría de la Esperanza", es una exhortación y un desafío a los cristianos y las iglesias para que proclamen juntos su fe trayendo un mensaje de esperanza y de nueva vida a un mundo preso de la duda.

Al formular el tema de la Asamblea se tenía plena conciencia de los problemas que ponen a prueba la fe cristiana hoy. Esos problemas son múltiples; por ejemplo: la caída de los regímenes de Europa del Este, la ascensión al poder de un régimen democrático en Sudáfrica, las vacilantes y tumultuosas iniciativas en favor de la paz en Irlanda; todas estas situaciones ofrecen promesas de liberación de la violencia, la opresión y el sufrimiento humano. Por ello, sin lugar a dudas, son pujantes signos de la presencia de Dios en la historia.

Sin embargo, también están actuando poderosas fuerzas en sentido contrario: el individualismo personal, fomentado por las necesidades de un mercado aparentemente insaciable, que define el valor social y personal en términos de ganancia material. Un individualismo colectivo, que suele estar sustentado por una larga historia de opresión y esperanzas frustradas, que privilegia a un determinado grupo racial, cultural o étnico en detrimento de otros. Y una "cultura de violencia" -de muerte- que desafía tanto a la humanidad como a la razón, y que antepone la competencia a la cooperación, la dominación a la solidaridad, y absorbe ingentes recursos en la fabricación de armas.

Cabe mencionar también la situación de las iglesias en las que abundan signos tanto de renovación como de decadencia. En el hemisferio Sur, las iglesias están creciendo y, en el Norte, se manifiesta una clara voluntad de reparación de antiguos anatemas y divisiones y, en todas partes, hay muchos e importantes ejemplos de mayor unidad, de testimonio, de servicio, de resistencia a la opresión y al mal, y de fidelidad hasta la muerte.

Sin embargo, en el Norte, muchas iglesias históricas están en declive y, en muchos países, tanto en el Norte como en el Sur, surgen nuevos modelos de vida religiosa, que impugnan las estructuras tradicionales de las iglesias.

Cabe destacar también la situación ecuménica en la que se manifiestan tanto la determinación como la resignación. En la centuria pasada, las iglesias aprendieron a rendir culto a Dios, a reflexionar, a dar testimonio y a servir juntas. Son claras las señales de que están preparadas para pasar a una nueva fase del Movimiento Ecuménico, pero aún se muestran vacilantes. Dan la extraña sensación de que no pueden o no quieren, o simplemente tienen miedo de sacar las consecuencias de la experiencia común acumulada durante este "siglo ecuménico".

Con estos problemas, y otros más, se confrontarán los delegados en el marco de la Octava Asamblea del CMI. Además de los festejos, ese será también el momento adecuado para hacer una exhaustiva evaluación y establecer nuevas orientaciones.

7. Buscar a Dios

El tema de la Asamblea se desarrollará con una estructura y una dinámica que dan cuenta de tres momentos específicos de la fe y la vida cristianas.

- Dios en su gracia se vuelve a nosotros.

- Nosotros respondemos con fe, actuando con amor.

- Anticipamos la venida, la plenitud de la presencia de Dios en toda la creación.

a) El Dios que buscamos

El Dios que buscamos es un Dios fiel que ha actuado a lo largo de la historia para establecer y mantener el mundo y el pueblo de Dios. Podemos buscar a Dios porque Dios nos buscó primero a nosotros. El fundamento de nuestra esperanza y la fuente de nuestra vida no es nuestra propia fidelidad, sino la fidelidad de Dios. Dios permanece fiel, aunque nosotros no le seamos fieles (Gén 9,11; Dt 4,25-31).

Buscar a Dios es recordar los actos del poder y el amor de Dios y proclamar que estamos llamados a obedecerle. En nuestra era de individualismo es fundamental tomar nota de que ese "recordar" suele tener lugar en el marco de la liturgia en presencia de la comunidad o de sus representantes.

b) Nuestra respuesta:

Actuar inspirados por el Amor

Volverse a Dios significa inevitablemente apartarse de otras cosas, de todos los ídolos que exigen nuestra devoción hoy. Los ídolos de madera y de piedra denunciados por el profeta Isaías (40,9-20), han sido reemplazados por cosas mucho más insidiosas y seductoras: por sistemas de ganancia material y social que recompensan la codicia más que la generosidad; por sistemas políticos y económicos que recompensan a los que ya tienen, a expensas de los que no tienen; por sistemas culturales y psicológicos que recompensan hábitos de dominio y de control en lugar de cooperación, de compartir y de solidaridad.

Al vivir en un contexto cultural y social participamos inevitablemente en sus sistemas de valores, de control y de recompensa; y tenemos intereses en nuestra propia opresión por el pecado. Por ello, el llamamiento a "buscar a Dios" siempre es una exhortación al arrepentimiento, a abandonar deliberadamente los valores dominantes de nuestra sociedad.

Ese "buscar a Dios", ese "volverse a Dios" afecta a todos los aspectos de nuestra vida y a todos los aspectos de nuestras relaciones. Exige una nueva espiritualidad, expresada no sólo en actos devocionales personales, sino en una forma de vida orientada hacia el Dios vivo.

Mediante ese "arrepentimiento", al dejar de considerarnos el centro de nuestra propia vida, establecemos una nueva relación no sólo con nosotros mismos sino también con nuestro prójimo.

¿Y cómo hemos de "volvernos a" nuestro prójimo? En la misma forma en que Dios se volvió a nosotros, con ternura y amor.

"Buscar a" nuestros prójimos significa hacer justicia a ella o a él, o a ellos. Del mismo modo que Dios ha actuado para nuestra salvación, así debemos actuar para el bien de nuestro prójimo, la comunidad y todo el orden creado.

La justicia no es básicamente una cuestión de cálculo acerca de lo que está bien y lo que está mal, ni de programas sociales, sino de apunte fundamentalmente a nuestras relaciones. La justicia trata de restaurar la relación, enderezando lo que estaba torcido, o destruido por abuso de poder, o por desigualdades de oportunidades económicas, culturales o sociales.

Llevada a sus últimas consecuencias, la justicia va más allá del cálculo de lo que está bien o lo que está mal; de hecho, parece a menudo contradecir el concepto de sentido común, de equidad o incluso de buen sentido, como cuando Jesús pidió a sus discípulos que dieran pruebas de amor yendo una segunda milla, ¡y no sólo la segunda! (Mt 5,41; véase también 5,43-48 y Mt 20,1-16).

Dado que la justicia procura el bien del prójimo y trata de reparar los agravios y corregir los desequilibrios en la comunidad, su meta definitiva es la reconciliación. Como la incomprensión nace de la injusticia y de las disparidades de oportunidad o de la falta de comprensión, la instauración de la justicia es una condición previa para la verdadera reconciliación. El salmista sueña con un tiempo en el que "la justicia y la paz se besarán" (Sal 85,10).

Esto significa que las iglesias deberán participar en las luchas por la justicia. Significa también que las iglesias deberán examinar en qué medida sus propias vidas -como instituciones integradas por seres humanos falibles- reflejan realmente la concepción bíblica de la justicia misericordiosa de Dios, y la visión bíblica de vida en comunidad, una comunidad libre de dominación y coacción, en la que cada persona puede ejercer libremente sus dones para la gloria de Dios y el bien de la comunidad en su totalidad.

8. LA ALEGRIA DE LA ESPERANZA

Vivir con y por las Promesas de Dios

La alegría cristiana no es un "sentimiento positivo" superficial, ni es la esperanza cristiana un optimismo fácil; ambos conceptos surgen de la experiencia de las primeras comunidades cristianas que, enfrentadas con situaciones imposibles, dificultades y persecuciones, descubren que, en su vida común en Cristo, disponen de recursos suficientes para cada día (cfr. Mt 10, 19). Algunas de las calidades de la esperanza cristiana son especialmente útiles para reflexionar sobre el tema de la Asamblea.

a) Esperanza Radical

La esperanza a la que estamos llamados es una esperanza radical. Está, ante todo, arraigada en la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, que obra Dios por el poder del Espíritu Santo (Rom 1,4). Esta acción es lo opuesto a lo que puede predecirse mediante ingeniosos análisis del presente, o de las "tendencias actuales". Significa una ruptura radical con el orden actual, contrariando el sentido común e invirtiendo los valores del mundo (véase Mc 8,31-38; Cor 1,22-25). Proclama el "no" de Dios al poder fundamental del ciclo de naturaleza, el poder de la propia muerte.

La resurrección es el "sí" de Dios a Jesús de Nazaret y al Mesías que Él entendía debía ser: no ya un gobernante autoritario, sino un siervo que sufre por otros.

El poder de la esperanza a la que estamos llamados es el poder del amor de Cristo que se da a sí mismo; y esa clase de esperanza, arraigada en el sufrimiento, no puede ser ni triunfalista, ni coercitiva, ni utópica, ni sentimental.

b) Esperanza inclusiva

Esta esperanza a la que estamos llamados es una esperanza que incluye a todos. Bíblicamente está enraizada en la visión de Cristo, como el que habrá de "reunir todas las cosas (en Él)... así las que están en los cielos como las que están en la tierra" (Ef 1,10).

Esta esperanza inclusiva insiste en que todas las personas están en el ámbito del amor y de la bondad de Dios y en el ámbito de la preocupación cristiana (Lc 14,15-35;14-13). Es evidente que la propia iglesia está llamada a vivir un amor incluyente que valora a todos y se complace de todos sus dones. Y si es realmente el cuerpo de Cristo -el Cristo que llegó a todos- ¿cómo podría la iglesia excluir a cualquiera de aquellos por los que Cristo murió, o sea, a cualquier humano?

El amor incluyente abarcará a todos los necesitados. Abarcará incluso al "otro", al repulsivo y amenazador "otro". Llegará tanto a nuestras víctimas como a nuestros enemigos, a los que están unidos a nosotros por el recuerdo de errores cometidos, y de heridas infligidas a unos y a otros.

c) Esperanza Esperanzada

La visión de un Dios que habrá "de reunir todas las cosas en Cristo" apunta a un tiempo en el que Dios instaurará "el nuevo cielo y la nueva tierra" (Ap 21,5; 2Pe 3,13). Vivimos en un tiempo intermedio; el tiempo prometido ha entrado en la historia pero aún no es vivido en toda su plenitud (He 2,17; 1Cor 13,12).

Pero eso no basta. Porque no podemos equivocarnos: la redención es necesaria para los seres humanos y para el resto de la creación. La humanidad lleva la marca del pecado, como lo prueba cada día la terrible enumeración de desastres sociales en cualquier periódico. Y la naturaleza, a pesar de toda su alegría y belleza insondables, es también un lugar de desecho y de gran sufrimiento, en el que la vida existe a costa de la vida, en la que los animales matan y se comen unos a otros -tienen que comerse unos a otros- para poder sobrevivir.

La medida de nuestra esperanza cristiana es que nació y ha florecido frente al rechazo y a la muerte. Esto ha sido posible porque la esperanza sabe de quién depende, y de quién nosotros dependemos: del Dios que actuó en Jesucristo por el poder del Espíritu Santo, y que nos prometió que al final no nos abandonará ni nos destinará a la destrucción.

(Extractado de dos artículos de Marlin Val Elderen y Thomas F. Best, en "Presencia Ecuménica" n. 46)

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