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EDITORIAL


GRACIAS DON CARLOS

Se ha ido uno de los últimos grandes padres conciliares. Mons. Carlos Parteli con sus 89 años seguía siendo imagen viva y muy querida de toda la renovación eclesial impulsada por el Concilio Vaticano II. En su discurso de despedida como pastor de la Arquidiócesis de Montevideo recordaba "la cordial respuesta de nuestra comunidad diocesana al proyecto pastoral propuesto desde el principio... que pretendía llevar a la Iglesia a hacerse presente y contribuir a transformar ciertos juicios de valor y modelos de vida de nuestra sociedad".

Don Carlos, como cariñosamente lo llamamos, afianzó de manera singular y heroica la identidad de la comunidad católica del Uruguay. Los laicos, el diaconato permanente, los jóvenes, la opción por los pobres, las pequeñas comunidades y la pastoral de conjunto... son los grandes temas que nos dejó en herencia. Él no sólo propuso una clara y profética enseñanza del evangelio sino que dio un valiente testimonio con una vida coherente.

Pagó en persona, como el Buen Pastor, el fruto abundante de su siembra generosa. Siempre en su discurso de despedida decía: "no pueden olvidarse las dificultades y resistencias que esta acción pastoral tuvo que enfrentar... Aquellas actividades y expresiones que no pretendían otra cosa que despertar las conciencias, contribuyendo así a reconstruir una paz social fundada en la justicia y la verdad, fueron duramente enrostradas por algunos con indebida intromisión... Aquella oposición, tanto adentro de la Iglesia como fuera de ella, no quedó sólo en palabras, sino que se tradujo en incesante hostigamiento."

Refiriéndose a los años duros de la dictadura militar, mons. Parteli decía: "La Iglesia estuvo en la mira de quienes no toleraban otras voces que las del aplauso. La Iglesia no solo no podía aplaudir sino, al contrario, tenía el deber de rechazar la propuesta del Proceso y desaprobar el modo cómo se llevaba adelante." Por este motivo los medios de prensa complacientes con el régimen acusaron a Parteli de apoyar a la subversión."Pese a que el clima de miedo silenciaba todas las voces, no cesamos de afirmar, con gestos y palabras, los derechos del hombre, ni dejamos de denunciar sus violaciones, aunque siempre teniendo cuidado de no despertar odios ni rencores. Era nuestra obligación sostener el ánimo de la gente." En el momento solemne de su muerte, "toda la gente", y no sólo los católicos, reconoció la grandeza de este pastor que será recordado como una figura fundamental en la historia del Uruguay. Algunos medios de comunicación, todavía atados al carro de los "poderosos", y algunos otros que ayer lo denigraban, ignoraron el alto perfil de este profeta. Pero ésta es la suerte de los profetas. El agradecimiento a Don Carlos es de todo el pueblo uruguayo y por su relevancia como pastor conciliar de la Iglesia de América Latina y del mundo.

Desde este rinconcito de nuestra revista, el agradecimiento se hace más personalizado. Muchas veces Don Carlos (el Monse) nos alentó, contestó a nuestras entrevistas, participó de nuestros seminarios. En el último, el pasado mes de setiembre, dio su testimonio ecuménico sentido y profundo. Lo recordamos dialogando fraternalmente, con las sutiles preguntas del buen periodista que finge no saber para que su locutor se explaye, y sobre todo con su sonrisa abierta y su mirada serena. No vamos a desertar ni renegar del compromiso que nos dejas como heredad. Gracias Don Carlos, te vamos a extrañar.

Quinto Regazzoni


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