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TESTIMONIO


Entrevista al Diácono permanente Gerardo y a su esposa Daysi

En el Paso de la Arena, un sencillo y popular barrio montevideano, una familia cristiana y comprometida con la realidad, vive intensamente su vocación de matrimonio en el corazón de la Iglesia. Gerardo Benítez (31 años) trabaja en una textil como obrero especializado y ejerce su ministerio en la Parroquia Jesús Obrero. Su esposa, Daisy García y sus hijos, María Gimena (9 años) y Francisco (4 años), comparten con intensidad su vocación matrimonial y su entusiasmo apostólico. Daysi trabaja como catequista en el Liceo San Francisco de Sales (Maturana) y los fines de semana en el oratorio festivo del Barrio Sarandí. Juntos participan e integran la experiencia del Movimiento Encuentro Matrimonial. Dialogamos con ambos intensamente en este reportaje para UMBRALES, revista que les llega y enriquece sus múltiples actividades pastorales.

¨ Gerardo, ¿qué significa para vos ser diácono permanente?

- En primer lugar un gozo muy grande de que el Señor me haya llamado para servirlo, sirviendo a mis hermanos, ya no de una manera temporal o circunstancial, sino para siempre, para toda la vida. Por otro lado, es un desafío muy grande y exigente, ser día a día y en toda circunstancia, fiel al proyecto del Padre en mi vida, el ir configurándome, por la gracia de Dios en servidor de todos a imagen de Cristo, "que no vino a ser servido, sino a servir".

¨ ¿Cuáles fueron los momentos más importantes en tu vida que determinaron tu vocación?

- Mi vocación de servicio nace en la comunidad parroquial de la cual participo desde que tenía 9 años, allí junto al p. Monzón (que era el párroco por aquellos tiempos) fui descubriendo lo maravilloso y liberador del mensaje de Jesús, el cual pasaba inevitablemente por la solidaridad, la fraternidad, la comunión, la justicia y la vida comunitaria, todo eso vivido como servicio en el amor a Dios y a los hermanos. Ya en mi adolescencia sentí más fuerte la vocación de servicio cuando tuve la posibilidad de trabajar más en la comunidad junto a Pocho Bentancor (el cual ya goza eternamente de la presencia del Señor) repartiendo alimentos entre las familias más necesitadas del barrio. Él fue un ejemplo, no sólo para mí, sino para toda la comunidad, de servicio humilde y sencillo hasta el último momento de su vida. Pero el momento decisivo de mi vocación al Diaconado Permanente fue cuando nos ennoviamos con Daysi; juntos fuimos discerniendo y profundizando el llamado de Dios en nosotros a vivir plenamente el amor en la entrega mutua y para siempre en el sacramento del Matrimonio, y desde allí, desde la riqueza de la espiritualidad matrimonial, consagrarme como Diácono Permanente.

¨ ¿Qué actividades realizás como Diácono?

- Más que por el hacer, uno se define por el ser, por eso el intento de vivir coherentemente y en todo lugar el llamado a la diaconía; pero especialmente en lo que se refiere a lo ministerial hago todo lo que el ministerio me permite: celebro bautismos, matrimonios, predico, animo celebraciones, etc.

¨ ¿Considerás que este ministerio es un signo profético en la Iglesia?

- Al igual que todo ministerio en la Iglesia dado por Cristo, el Diaconado Permanente está llamado a ser un signo profético no sólo hacia dentro de la Iglesia, sino fundamentalmente hacia afuera. Y en esto sí que el Diácono está llamado a ser profeta pues si bien por el sacramento del Orden somos signo visible y real de Cristo siendo siervos en lo interno de la Iglesia, cuánto más en los ámbitos donde vivimos nuestra mayor parte del tiempo, como lo es la familia, el trabajo, el barrio. Poder descubrir allí a un Cristo vivo y presente, y a la vez anunciarlo en las realidades cotidianas, de todos los días es todo un signo y un compromiso de ministerialidad.

¨ ¿Cómo se conjuga esta vocación con tu ser esposo, padre, obrero?

- Mi sí al Señor desde el Diaconado pasa primero por mi sí a la vida matrimonial, por vivir plenamente con sus luces y sombras la vida de familia, el ser esposo y padre y el compartir las dificultades y logros junto a otros en el ámbito laboral; por eso mi vocación se enriquece y se conjuga inevitablemente en todos estos ámbitos.

¨ ¿Cómo vive la familia tu ministerio y sus correspondientes actividades?

- En esto quisiera marcar dos grandes aspectos: lo primero es la vivencia que tenemos en casa de que esto es un regalo de Dios, una gracia para nuestra vida de familia y que plenifica aún más nuestro matrimonio, haciéndonos vivir más atentos a la necesidades de uno y de otro en la pareja; y si bien el llamado a ser diácono es personal, toda la familia de alguna manera y según las circunstancias, se siente llamada e involucrada en la diaconía. El segundo aspecto importante, es que el ejercicio del ministerio trae aparejado una variación en la organización del tiempo personal y familiar, corriendo el riesgo de sobrecargar a Daisy en algunas cosas y de estar ausente en otras. Esto hace que deba estar vigilante siempre y potenciar la calidad de la vivencia familiar y de pareja, en esto tengo un cable a tierra fundamental que es mi esposa. Por el momento, puedo tirarme al suelo y jugar con mis hijos...

¨ ¿Qué ves como valores fundamentales en nuestra Iglesia local?

- Por un lado veo como valor la creciente comunión existente en la enorme mayoría de los clérigos y laicos que se sienten y viven como única familia en torno a Cristo; el poder llevar adelante todos juntos un mismo proyecto pastoral es un signo de comunión y de corresponsabilidad. Por otro lado, la toma de conciencia del lugar del laico en la Iglesia y en el mundo, es un valor importante tanto del laico como del clero de nuestra diócesis.

Hay mucho camino por andar, pero la creciente sensibilidad por los más necesitados, la opción por vivir la fe en pequeñas comunidades eclesiales y el tratar de ser más auténticos en nuestro testimonio de fe desde lo cotidiano, nos anima a seguir adelante buscando ser fiel a lo que Dios nos pide (contamos con su Espíritu, que es quien nos conduce y anima como Pueblo).

¨ Un mensaje para los lectores de Umbrales

- Dios-Padre por su inmenso amor y ternura se hizo hombre para servir al propio hombre, a cada uno de nosotros, estemos en la situación que estemos, y nos invita a través del bautismo a la conversión y a ser servidores (Luz y Sal) a imagen de Cristo, de nuestros hermanos; no con gestos espectaculares, sino desde la vivencia cotidiana y familiar-comunitaria de la fe. Recurramos para esto a María, nuestra Madre y Auxilio, que vivió su fe en forma sencilla y humilde al punto de responder al Señor: "Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tu voluntad".

¨ ¿Cuál es la Palabra de Dios que más te ha marcado ?

- Se podría decir que la Palabra que me dio la vida como Hijo de Dios y marcó para siempre mi relación con Jesús es Rom 8, 38: "Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sean de los cielos, sean de los abismos, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús, nuestro Señor". Y la otra Palabra que orienta y nutre mi vocación diaconal es Lc 22,27. "Yo estoy entre ustedes como el que sirve..." Esta expresión de Jesús es mi lema de ordenación.

¨ Daisy, ¿cómo vivís este compromiso diaconal de Gerardo?

- Lo vivo con una inmensa alegría por este llamado a la Diaconía para Gerardo, del cual yo como su esposa digo un sí grandote a este proyecto de Dios en nuestra vida; es un llamado que vivo como un gran regalo y por supuesto también como un gran desafío.

Es el desafío de responder con fidelidad cada día, para ser coherente con lo que vivo y quiero anunciar como mujer comprometida con la Iglesia, como esposa y como mamá, en cada lugar donde estoy. Cuando hizo un año de la ordenación de Gerardo, le regalamos una tarjeta dibujada por nuestros hijos, María Gimena y Francisco donde le compartíamos que su Diaconado es una bendición y un regalo para nuestra familia; que el Ministerio al cual se consagró, llena de gracia y esperanza nuestro sacramento del matrimonio, nuestra Iglesia doméstica; con mucha lucha, pero también con mucha esperanza para hacer posible el Reino comenzando en el propio hogar.

¨ ¿Cuáles han sido las principales dudas, dificultades y gozos de este camino que han recorrido y discernido juntos?

- Siempre compartimos como un lindo recuerdo, que cuando recién nos ennoviamos (hace 16 años), nos sentamos en el banco de una plaza para dialogar sobre lo que nos estaba pidiendo "El de arriba", tratando de descubrir nuestras vocaciones (¡ésta fue nuestra primera duda!). Al comenzar a hacer camino juntos, permitiendo que Jesús caminara junto a nosotros, descubrimos la vocación matrimonial y confirmamos la vocación diaconal, para involucrarla desde el comienzo de nuestro noviazgo. También fue un tiempo de duda y preocupación cuando Gerardo comenzó sus estudios de Teología y su etapa de discernimiento para el Diaconado: en esa época el acompañamiento a las esposas no era tan intenso como ahora... Pero siempre conté con el apoyo de las esposas de los diáconos, nos sentimos siempre muy queridos y comprendidos y más aún cuando hubo que posponer un tiempo más la ordenación ya que Gerardo no tenía la edad que se exige para ser diácono.

A veces vivimos como dificultad el poco tiempo que tenemos; si bien la demanda de tiempo y presencia para Gerardo es muy exigente, desde su ministerio, tratamos de respetar al máximo los tiempos de la pareja y de los hijos...

¨ De alguna manera la vocación diaconal surge en el seno de una vocación matrimonial. Podríamos decir que son uno en la repuesta al proyecto de Dios sobre Gerardo. ¿Es así?

- Sí, somos uno en la respuesta a este proyecto de Dios. Si bien el llamado al Diaconado es para Gerardo, decimos que sí como pareja sacramentada, para que a través de nuestro amor de esposos, intentemos ser signos del amor que Cristo nos tiene y para vivir el servicio hacia los demás, especialmente con los predilectos de nuestro Padre Dios, los más necesitados y abandonados. También, desde los tiempos personales, carismas propios y necesidades, intentamos cuidarnos para crecer en nuestro amor y hacerlo más firme y aprender a apoyarnos incondicionalmente en esta fuerte experiencia de fe. ¡Vale la pena! Es como un grito de Amor a un mundo que puede ser más solidario y más fraterno, y del cual queda mucho por plantar y construir. Ojalá se animen muchos más.

Leonardo Buero


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