Tema Central
1.- LOS MIGRANTES Y EL JUBILEO CRISTIANO
El año 1999, víspera del gran Jubileo cristiano y año dedicado al Padre Misericordioso, es para todos los creyentes un tiempo de conversión, de reconciliación y de gracia.
Las celebraciones constituyen un proceso de marcha común en la historia, recordándonos nuestra vocación e identidad cristiana y sobre todo, nuestro compromiso y responsabilidad respecto al presente y al futuro.
Por eso, es bueno recordar que 50 años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de 2000 años de cristianismo, el respeto por los derechos humanos sigue siendo una materia pendiente en todo el mundo; el presente siglo nos despide dejando sobre la mesa, importantes y graves problemas sin resolver: corrupción, negociados, tráfico de todo tipo y consecuentemente, desempleo, pobreza, migración, discriminación e intolerancia.
En el caso de los migrantes, ¿cómo no abrir los ojos a las necesidades de este grupo de personas que la mayoría de las veces huyen de la pobreza y marginación en sus tierras de origen?
Sin embargo, en pleno proceso de integración de nuestros países, aún hoy se sigue vulnerando los derechos más elementales de los que emigran. Porque asociar al inmigrante a la idea de la falta de empleo, de inseguridad, de miedo, significa cargar sobre el migrante problemas propios de nuestros países a los cuales no es justo vincularlos, ni menos utilizarlos como chivos expiatorios para ocultar aquellos males que no queremos reconocer.
En efecto, un tiempo de conversión y reconciliación significa acoger al otro, al diferente, como un ser que tiene la misma dignidad que nosotros y sabiendo que la desocupación no es un dato estadístico originado en la inmigración, sino más bien al revés: la migración es el fruto del pecado, es la consecuencia de la incapacidad de organización de nuestras sociedades: las deficiencias en la salud pública no es cosa de los extranjeros que ocupan los servicios en desmedro de los nacionales; el aumento de la inseguridad no es porque los ilegales sean delincuentes; la prostitución no es patrimonio de mujeres de otra nacionalidad.
Quizá nuestra sociedad no esté acostumbrada a ver o no quiera reconocer, sin embargo, que la prostitución, la inseguridad, el desempleo, el hambre, hoy son realidades concretas; pero responsabilizar por estos problemas a los extranjeros no es sólo una generalización demasiado simplista y peligrosa, sino sobre todo la vulneración de un derecho fundamental: el derecho de emigrar. Es deber de todos buscar las verdaderas causas de estos problemas y entonces estaremos empezando a trillar el camino de las soluciones.
Pero, ¿hasta dónde va el derecho de emigrar sin vulnerar el derecho de otros? Evidentemente, aquí entramos en el principio de la buena convivencia y de la solidaridad. Si en tu mesa holgadamente caben diez personas, apretando un poco podrán caber tres más. No se trata de principios fáciles de pregonar sino de soluciones concretas que exigen la lucha cotidiana contra el egoísmo y un esfuerzo constante que ayuda a evitar todo encierro nacionalista y a huir de los esquemas ideológicos demasiado estrechos.
2.- LAS MIGRACIONES EN EL MUNDO
En el mundo existen más de ciento treinta millones de personas que se desplazan constantemente a causa de las guerras, de la violencia, de la pobreza, de las catástrofes o por otros motivos. Son migrantes, desplazados, refugiados. Casi todos los países son tocados por este fenómeno.
Argentina, que tradicionalmente ha sido un país de inmigración, en la actualidad tiende a restringir sus leyes migratorias. De hecho, en términos cuantitativos, la población inmigrante en Argentina corresponde sólo al 5% de la población nacional y apenas 2,5% son latinoamericanos. Si comparamos con otras épocas diríamos que tenemos los índices más bajos de inmigrantes y que la incidencia sobre la sociedad es mínima. Tanto es así, que ni el Poder Ejecutivo, ni el Poder Legislativo han demostrado suficiente interés, ni decisión para crear un nuevo instrumento legal que regule y permita ejecutar una política coherente de migración y población.
3.- LOS INMIGRANTES INDOCUMENTADOS
Argentina tiene más de nueve mil kilómetros de frontera, con sus 220 puestos aduaneros oficiales y muchos otros clandestinos. Los migrantes trabajadores ingresan normalmente como turistas y al vencerse la visa pasan a ser inmigrantes indocumentados. Otros, en su desesperación, al encontrar las fronteras cerradas ingresan por puestos clandestinos. Evidentemente, el hambre o las ilusiones de una vida mejor pueden más que las leyes, que la policía migratoria y que los muros. Véase lo que sucede diariamente en la frontera de México con Estados Unidos, donde centenas de migrantes dejaron la vida en el intento de atravesar las fronteras prohibidas.
En fin, las necesidades, sumadas a la globalización de nuestro mundo, exigen que avancemos en la concreción de políticas migratorias acordes a la realidad actual y en el marco del espíritu integracionista de nuestros países soñado por nuestros próceres. Un posible avance en el proceso de integración de los países del Cono Sur -hoy tan debilitado- podría llevarnos a la superación de algunos problemas.
Mientras tanto, los migrantes indocumentados en Argentina y en otros países, sufren las consecuencias de un sistema diabólico y excluyente, que genera concentración de capitales para algunos grupos y desempleo, pobreza y discriminación para otros. Los indocumentados en Estados Unidos ascienden a tres millones quinientos mil, en Argentina quizá superen los cien mil. Pese a la pequeña cantidad, no es un problema menor porque las migraciones hoy no son funcionales; a los migrantes nadie los necesita, sobran de uno y de otro lado de las fronteras. Su "ilegalidad" sólo favorece a los empleadores inescrupulosos, a los "gestores" y a las pequeñas mafias que se aprovechan de su indefensión para explotarlos.
4.- ¿POR QUÉ INDOCUMENTADOS?
Una reciente investigación realizada en la Capital Federal y Gran Buenos Aires por Diego Casaravilla, de FLACSO, muestra los siguientes datos:
a.- La ilegalidad no es mayoritariamente una condición elegida por los inmigrantes de origen latinoamericano. La mayoría recién comprende la importancia del documento una vez que ya se encuentra en el lugar.
b.- La ilegalidad se explica al comienzo por su desconocimiento de la nueva cultura.
c.- Los inmigrantes van entendiendo la importancia de documentarse por influencia de los familiares, amigos, empleadores, organizaciones religiosas o a través de sus malas experiencias con policías que, según múltiples testimonios, extorsionan económicamente a los indocumentados con la amenaza de detenerlos y deportarlos.
d.- A partir de estas experiencias buscan regularizar su situación con la finalidad de evitar el abuso también de sus empleadores. Muchos testimonios revelan que fueron echados del trabajo sin percibir lo que había sido estipulado verbalmente con el empleador.
e.- Es en esta situación cuando descubren las dificultades para obtener su radicación, por la complejidad y las múltiples exigencias del trámite burocrático, así como por sus altos costos (aproximadamente $ 700).
f.- Además de los costos, el requisito más difícil de cumplir para los que no tienen familiares directos (hijos o cónyuge) radicados o argentinos, es el contrato de trabajo por un año. La regulación normativa exige la certificación por parte de un escribano que demuestre la correcta condición tributaria del empleador. Muchas veces la exigencia se vuelve imposible de cumplir. Lo que está implícito en estas paradojas es una política restrictiva, disfrazada de formalismo.
En general, las personas indocumentadas son las más pobres. Ellas viven en situación de angustia ya que la irregularidad les impide ingresar al mercado laboral y usufructuar de los servicios sociales como la educación, la salud, la jubilación y los diversos planes de seguridad social.
5.- LOS MIGRANTES Y EL ESTADO
En los últimos tiempos, cada vez que algún tema de importancia preocupa a la opinión pública, los migrantes pasan a ser el centro del debate. El alto índice de desempleo, la enfermedad del cólera, la inseguridad y la violencia, nos llevaron en épocas distintas a encontrar en los migrantes a los principales culpables. Nada más falso. Resulta muy difícil imaginar a los simples migrantes que arriban a estas tierras sin documentación, sin dinero, pero llenos de ilusiones y de esperanzas, con semejante capacidad operativa a punto de causar inseguridad en nuestra sociedad. Por otra parte, en todos los análisis estadísticos existentes, la proporción de extranjeros condenados por delitos corresponde en general al porcentaje de los mismos sobre el total de la población, con una salvedad: están más representados en los delitos menores, mientras que los de mayor envergadura y violencia son cometidos por argentinos.
No es éste el sentir y el pensamiento de la Argentina de las mejores tradiciones republicanas y democráticas. No es ésta la expresión integradora de la Argentina que repetidas veces dictó leyes de regularización migratoria tanto para judíos, árabes, europeos como para inmigrantes limítrofes.
La mejor forma de enfrentar el problema de los inmigrantes irregulares, la más simple, transparente y humana, a fin de garantizar los derechos de ellos y de los argentinos, es documentándolos.
En 1998, el gobierno argentino avanzó positivamente en este camino firmando convenios con Bolivia, Perú y Paraguay, con el objetivo de facilitar la legalización de los migrantes que trabajan como autónomos, pero aún no han sido ratificados por el Congreso.
La política migratoria debe ser una cuestión de Estado y no un oportunismo electoral. Es vital por lo tanto que el Estado asuma su responsabilidad consistente en impulsar políticas e instrumentos legales que garanticen la gobernabilidad migratoria.
6.- LOS MIGRANTES Y LA IGLESIA
"Cuando un extranjero resida contigo en tu tierra, no lo molestarás. Él será para ustedes como uno de sus compatriotas y lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto" (Lv 19,33-34).
La ley de Moisés imponía al Pueblo de Dios la generosidad hacia los extranjeros, porque el mismo pueblo había experimentado en Egipto la amarga y dramática condición de extranjero (Éx 22,20; 23,9).
La recepción del extranjero como hermano recíproco, adquiere una dimensión más conforme a la doctrina de la nueva fraternidad evangélica. En el Nuevo Testamento todas las distinciones entre los seres humanos desaparecen al derribar Cristo el muro de la división entre el Pueblo elegido y los paganos (Ef 2,14). Con la Pascua de Cristo ya no existe el pagano y el judío, el esclavo y el libre, el aceptado y el excluido. Todos somos hermanos.
La Iglesia misma tuvo su bautismo de fuego, precisamente, con las migraciones. Todos se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria y "los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra".
El Papa Juan Pablo II, en su mensaje con ocasión de la celebración del Día del Migrante de este año, convoca a todos los cristianos a acoger y a integrar a los migrantes desde las parroquias. "La Parroquia debe ser el lugar de encuentro e integración de todos los miembros de la comunidad porque acoge a todos y no discrimina a nadie". Y prosigue: "la catolicidad no se manifiesta solamente en la comunión fraterna entre los bautizados sino también en la hospitalidad brindada al extranjero, en el rechazo de toda exclusión o discriminación, en el reconocimiento de la dignidad personal de cada uno".
Ahora bien, nuestras parroquias ¿son verdaderamente acogedoras? ¿Somos nosotros respetuosos de las diferencias? ¿Nuestra pastoral permite a los que no son estables y asiduos en nuestras comunidades, sentirse acogidos? A la Iglesia, ¿le preocupan los migrantes?
Pese a algunas actitudes desencontradas, la Iglesia argentina siempre ha sido atenta a las nuevas y sucesivas migraciones, tanto nombrando capellanes nacionales para cada colectividad y delegados diocesanos de migración, como favoreciendo la organización de la pastoral migratoria. Hay asimismo que subrayar el apoyo económico de los fieles, sacerdotes y obispos en ocasión de la realización anual de la colecta de ayuda al migrante y al refugiado, que es un ejemplo para las demás conferencias episcopales en América Latina.
Sin embargo, no siempre los laicos comprometidos de nuestras comunidades, los sacerdotes y religiosas entienden el por qué de la pastoral migratoria. ¿Por qué una pastoral para los migrantes? ¿Por qué los bolivianos no vienen a la iglesia como todos los demás? ¿Por qué bailan alrededor de la Virgen? ¿Por qué no obramos todos de la misma manera?
El verdadero pastor debe tener en cuenta dos realidades: la Palabra de Dios (S. Escrituras, el Evangelio de Jesucristo, la Doctrina de la Iglesia) y la realidad en la cual es anunciada.
La Pastoral es única pues anuncia la Palabra de Dios, pero es también diversificada porque tiene presente el tipo de personas a las cuales se dirige (realidad). Podemos así hablar de pastoral de la salud, de la juventud, de los migrantes. Es la misma Iglesia, la misma Verdad, con lenguaje distinto, para hombres y mujeres distintos.
Así pues, la Pastoral de las Migraciones es la pastoral de la Iglesia aplicada a un grupo específico: migrantes, desplazados internos, refugiados. Tiene líneas de pastoral general y características propias. El mundo de la movilidad humana exige de nosotros una atención específica. "A la movilidad humana, corresponde la movilidad de la Iglesia" (Pablo VI).
Sucede que en nuestras Diócesis y parroquias encontramos una pastoral muy bien organizada para la gente estable, para los que van a la Misa asiduamente, pero para los "diferentes", los que vienen de lejos, los que no pertenecen a nuestro grupo, algunas veces las puertas se cierran.
Es deber de toda Comunidad favorecer la promoción de la fe de los migrantes, ayudar a recuperar sus raíces culturales favoreciendo la identidad, luchar para promover la comunión y la participación en la sociedad. Como cristianos debemos tener por consiguiente, la capacidad de convivir con lo diferente que nos desafía y nos enriquece a la vez, tener un alma grande, abierta a la totalidad sabiendo que somos peregrinos hacia la Patria celestial y que "toda tierra es patria y toda patria es tierra extranjera".
p. Volmar Scaravelli
En el grupo de los peruanos está Javier Peralta. Todavía no tiene 21 años. Con sus documentos en regla, incluso con la libreta de embarque provisoria, esperó inútilmente más de un mes un barco en el puerto de Montevideo. Se le terminó la poca plata, ya debía en la pensión, le retuvieron sus ropas. Recorrió algunas parroquias que lo ayudaron. No quería volver a Perú sin plata, la familia la necesitaba. Le conseguimos un pasaje con algunas referencias a Curitiba, Brasil, donde tiene un hermano... y a seguir la aventura del migrante.
La desocupación en Uruguay en los últimos meses ha llegado a su máxima histórica, 12,2 %. Pero en Perú la situación es mucho peor.
¿Cuántos son? No hay cifras oficiales, pero se supone que son varios centenares. Merodean el puerto, se alojan en alguna pensión económica, en busca de una promesa de trabajo, condición necesaria para la residencia precaria o esperando una vacante en algún buque pesquero.
Los inmigrantes todavía no son un problema sentido en el país. Uruguay, en su raíz formado por inmigrantes, es tradicionalmente un pueblo acogedor. El gobierno, preocupado más bien por la situación económica y especialmente por la desocupación, tiende a una política restrictiva. Por vía diplomática, en la actual crisis balcánica, se mostró dispuesto a recibir algunos exiliados de Kosovo, pero no se sabe si la oferta llegará a concretarse.
En abril último, en condición de inmigrantes, con bastantes cláusulas, llegaron al país una docena de cubanos, la mitad de los cuales no tiene intención de quedarse, su aspiración es Estados Unidos. Recientemente, la llegada de un grupo de turistas rumanos, ha suscitado un revuelo periodístico, por miedo que vinieran para quedarse. En la Iglesia uruguaya no figura en la jerarquía la preocupación por los migrantes.
En un encuentro de las Comisiones Católicas de Migración del Cono Sur, los obispos auspiciaron no solamente una libre circulación de mercadería, sino también la libre circulación de mano de obra y la creación de leyes que faciliten la radicación en los países miembros.
En los años del gobierno militar, Uruguay conoció también el éxodo de muchos orientales. Por ser un país chico las cifras no son grandes, pero en proporción es alto el número de emigrantes, formando comunidades no solamente en Argentina, sino también en Estados Unidos y Canadá y uniéndose a comunidades latinoamericanas en Europa y Australia.
Los Misioneros Scalabrinianos, conocidos en Montevideo en la Misión Católica Italiana, por el acompañamiento a la Colectividad Italiana, tienen como carisma la asistencia a todos los migrantes, colaboran en la Comisión Católica Uruguaya de Migración (CCUM), dependiente de la Conferencia Episcopal, y tienen a su cargo la Capellanía del Puerto, con una casa de acogida para los marinos en la calle Washington 274.
Uno de los problemas fundamentales que se presenta al mundo para el próximo milenio, como consecuencia de relaciones entre los pueblos, son las migraciones. ¿Seguirá siendo Uruguay un país acogedor o tenderá a encerrarse en sus problemas internos? La Iglesia que aprecia la identidad cultural de cada pueblo y defiende los valores étnicos de sus raíces, ¿manifestará también el ideal evangélico de la hermandad universal?